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Formas de financiación empresarial más allá del endeudamiento

Fri Nov 27 10:37:15 CET 2020

La mayoría de empresas han acudido al endeudamiento como única vía para garantizar la supervivencia de sus negocios, lo que ha convertido los créditos ICO en el producto estrella. Sin embargo, con unas ventas que no acaban de despegar y un periodo de carencia que se acerca a su fin, urge encontrar otras formas de financiación que garanticen la viabilidad de las pymes.

El pasado 17 de marzo, el Consejo de Ministros aprobó un Real Decreto por el que se ponía en marcha una línea de avales del Estado de hasta 100.000 millones de euros. El objetivo fue el de facilitar el mantenimiento del empleo y paliar los efectos económicos de la crisis. El 70% de esa línea iba destinado a pymes y autónomos y el Instituto de Crédito Oficial (ICO) era quien gestionaba la ayuda. En palabras de Jordi Llobet, director de Riesgos de Empresas de Banco Sabadell, “los créditos y los préstamos ICO han jugado un papel de amortiguadores de impactos para hacer frente al tremendo shock que ha supuesto la casi paralización de la economía por efecto de la pandemia, especialmente en algunos sectores que se han visto muy afectados”.

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El margen de reacción de las pymes a la irrupción de la COVID-19 se ha visto muy limitado por la caída de los ingresos, que ha ido mucho más allá que la de los gastos. Esta situación ha agudizado la dependencia que este tipo de compañías tiene de financiación. Y es que, con mayor o menor dificultad para acceder a ella, en muchos casos, ha sido la única vía que los empresarios han encontrado para sobrevivir. Así, el endeudamiento ha llegado hasta el 80,5% en el caso de las microempresas y hasta el 76% en las compañías de entre cinco y 10 empleados. La cifra baja hasta el 57,8% en las organizaciones con más de 25 empleados, según datos de un estudio realizado por Iberinform.

Hasta qué punto es positivo el elevado endeudamiento de las pymes

Sin embargo, el inconveniente principal de estos préstamos, que las pymes solicitan a través de las entidades financieras y que están avalados en un 80% por el Estado, lo constituyen los plazos. Las líneas cuentan con un periodo de carencia de un año, con lo que se tienen que empezar a devolverse a partir de marzo o abril de 2021, y tienen una amortización de cinco años. A esto se añade que, lo que se preveía como una solución temporal hasta que llegara una recuperación económica que se esperaba más temprana, muchas pymes ven acercarse el momento de devolver los préstamos cuando las cifras de sus negocios no han remontado. Tanto es así que, según el tercer y último Barómetro de la Confederación Española de la Pequeña y Mediana Empresa (Cepyme), más del 90% de estas sociedades han disminuido sus ingresos por la pandemia y el 48% ha recurrido o lo va hacer al ICO.

Hasta el momento, se ha gestionado la “emergencia inmediata” y se han aportado soluciones de liquidez. Ahora, con la segunda ola de la pandemia, “estamos viendo que quizá no sea suficiente”, comenta Llobet, quien añade que “lo que hay que buscar ahora son soluciones de hibernación de la deuda”. Estas pueden consistir en soluciones de crédito a más largo plazo, a tres o incluso cinco años sin compromisos de devolución de capital en el corto plazo, con lo que se conseguiría diferir el problema para cuando la situación esté plenamente normalizada; para ello, las entidades financieras también requerirán que los organismos reguladores flexibilicen en cierta medida los criterios de clasificación contable. A partir de ahí, cuando venzan esos créditos “de auxilio financiero”, deberán ser estructurados convenientemente en el tiempo de acuerdo a la capacidad de devolución y a la realidad de cada empresa. Si las compañías ya están viendo que, aunque la situación mejore, no se va a poder devolver la deuda porque hay déficits estructurales, “hay que buscar otro tipo de soluciones más finalistas”.

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Soluciones de financiación empresarial más allá de los créditos ICO

Las empresas se encuentran en una situación sin precedentes y deben de plantearse una redefinición de su estrategia en este escenario. Por ello, las soluciones deben ser, sobre todo, sostenibles y realistas con las capacidades de cada una, tal y como comenta Llobet. Así, en el caso de que más endeudamiento bancario no resulte viable por ser insostenible, los socios deben aportar recursos propios, y, si no disponen de esa capacidad, quizá tengan que buscarlo en inversores externos, dando entrada en el capital a nuevos accionistas como recurso de financiación permanente, o también explorar otras soluciones, con la ayuda de las entidades financieras.

Una opción para obtener financiación es acudir a un fondo de deuda (o alternative lenders, como se les conoce en el sector), que consiste en un tipo de inversión en el cual el inversionista hace un aporte de capital al fondo que se usará para financiar la deuda de una empresa. Todo ello con la condición de generar una rentabilidad o devolución del dinero en un plazo acordado. Se trata de un mecanismo de financiación diferente al que tradicionalmente se ha llevado a cabo en España, donde el mecanismo de financiación por excelencia es el crédito bancario, siendo el fondo de deuda un recurso más utilizado en otras economías como puede ser la estadounidense. 

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Una ventaja que ofrecen estos fondos de deuda es que los dirigen profesionales con conocimiento y experiencia en gestión empresarial y, además, la amortización de capital es normalmente de entre cinco y siete años, por lo que, en la coyuntura actual, ofrecen un plazo más dilatado para dar tiempo a que la situación mejore y se vuelva a la normalidad. Sin embargo, se debe tener en cuenta que las empresas que financian estos fondos tienen exigencias muy similares a las que requieren los fondos de capital riesgo y que los tipos de interés son superiores a los de la financiación bancaria tradicional al ser los riesgos asumidos superiores, pues no se garantizan con activos ni suele haber covenants (condiciones que limiten la capacidad de gestión). Tal y como explica Jordi Llobet, “estos fondos aportan soluciones de reestructuración de la deuda financiera de un balance para pasar a largo plazo lo que está financiado a corto y sin exigentes compromisos de devolución en el corto plazo”.

Las fusiones y las adquisiciones (M&A, por sus siglas en inglés) son también otras alternativas para captar financiación y consisten en prácticas relacionadas con la venta o la adquisición de una empresa. Se trata de operaciones corporativas que persiguen la generación de valor para el propietario y/o accionista. Pueden llevarse a cabo por razones de crecimiento o de búsqueda de recursos financieros, reorganización del accionariado o incremento de soluciones de viabilidad a la compañía. Algunas entidades financieras ofrecen este servicio de intermediación en operaciones de M&A.  

En definitiva, las financiaciones ICO han contribuido a evitar el colapso total de la economía y de la cadena de cobros y pagos. Se han hecho más de 100.000 operaciones de ICO y más de 40.000 moratorias, comenta Llobet, quien añade que han sido soluciones de “parche” o coyunturales y que, ahora, lo que hay que buscar son soluciones estructurales y más creativas.

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Fotografía de Tania Melnyczuk en Unsplash
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