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Competencia y Mercados
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Filipinas, el enclave asiático del empresariado español

13/08/2020

Los productos agroalimentarios encabezan el ranking de los intercambios comerciales con la excolonia

Cerca de 300.000 kilómetros cuadrados de islas en mitad del Pacífico, 107 millones de personas, un PIB anual de 280.000 millones de euros... Pero también una deuda de casi el 40% del PIB, niveles trágicos de pobreza y marginalidad y una corrupción rampante e institucionalizada. Así es Filipinas, un país lleno de oportunidades de negocio pero también de contrastes, unido a España a través de fuertes vínculos históricos, culturales e idiomáticos (estos últimos, eso sí, cada vez más débiles). Estos lazos han sido aprovechados en los últimos años por las empresas nacionales para abrir nuevos canales comerciales con la remota -geográficamente- excolonia asiática.

La génesis de la influencia y posterior dominio español en Filipinas está en la llegada del explorador Fernando de Magallanes en 1521, aunque fue Miguel López de Legazpi quien sentó las bases coloniales con la fundación de, entre otras, la ciudad de Manila, capital del Estado. Allí tiene su sede la tercera Cámara de Comercio más antigua del mundo, que en el año 2019 celebró 120 años de singladura; solo dos años menos que las de México DF y Cartagena de Indias. Entre las firmas españolas con membresía están, entre muchas otras, Acciona y Grupo Pascual.

Las compañías nacionales miran a Oriente

Sin embargo, ha sido durante la presente década cuando el empresariado español se ha decidido por fin a embarcar en el famoso 'Galeón de Manila' y explorar las muchas posibilidades del país. Según el Instituto de Comercio Exterior (ICEX), las exportaciones en los últimos cinco años han crecido a una tasa media del 9,9%, y en 2018 la suma de exportaciones e importaciones alcanzó los 758 millones de euros, un techo histórico.

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Para Pedro Pascual, consejero de la Oficina Económica y Comercial de la Embajada de España en Manila, el boom del comercio con Filipinas se debe no solo al espíritu empresarial, sino también a los movimientos diplomáticos que han abierto las puertas a las compañías de nuestro país. "El buen ritmo de crecimiento de las exportaciones se debe tanto al robusto crecimiento registrado en Filipinas en las últimas décadas como a un mejor posicionamiento de los productos españoles en este mercado", explica Pascual.

Y añade: "Entre las acciones promovidas o apoyadas por nuestra Administración, cabe destacar la apertura del mercado filipino a la carne de porcino española, que ha llegado a convertirse en la principal partida exportadora con este país".

A este flujo de proteínas se ha sumado la carne de vacuno: España obtuvo la acreditación para introducir este producto el pasado mes de mayo. Este éxito abre la puerta a un enorme mercado, ya que Filipinas importó 102.000 toneladas de carne de vacuno en 2019. Incluso durante la crisis actual de la COVID-19, las importaciones de este producto no han hecho más que aumentar, a pesar de las estrictas medidas de seguridad a las que está sometido el país desde el 15 de marzo de 2020. 

El impacto del virus

No obstante, las consecuencias de la pandemia en esta nueva era de comercio con la antigua metrópoli preocupan, y mucho, en el país insular. Y a tenor de las cifras, los temores están más que justificados: según datos aportados por la oficina comercial de la Embajada, los intercambios comerciales se han visto muy afectados en general por la crisis sanitaria: han descendido un 24% hasta mayo.

Estas cifras reflejan el estado de la economía filipina, que ha visto cómo el estallido vírico pone en riesgo una racha de dos décadas sin un solo trimestre en negativo. "Los más de 4 meses de cuarentena impuesta hasta la fecha sobre el área Metro Manila han prácticamente paralizado la economía del país", lamenta Pascual, quien tiene serias reservas sobre la velocidad y firmeza de la recuperación: "Los principales organismos nacionales e internacionales asumen una recesión para 2020 de en torno al 4%, que podría ser incluso más profunda en función del tiempo que se extiendan las limitaciones a la movilidad".

El consejero teme que el flujo comercial con España no recuperará su pulso "hasta que Filipinas vuelva a registrar tasas de crecimiento del 6%, como venía siendo habitual en los últimos años".

La pobreza, una triste realidad

Con pandemia o sin ella, todo análisis de la sociedad filipina debe partir de una dura premisa: la gran mayoría de la población se encuentra en el umbral de la pobreza. El país ocupa un sonrojante puesto 134 en el ranking global de PIB per cápita, con tan solo 2.626 euros por habitante según los últimos datos, frente a los 25.730 de España. A pie de calle, el bajo nivel de vida se traduce en grandes bolsas de marginalidad, altos niveles de desigualdad y corrupción y gravísimas fricciones sociales.

Esta realidad, como es obvio, debe ser tenida en cuenta por el empresario que decida tender puentes con el archipiélago. "Por las características de los productos españoles y su posicionamiento en este mercado, estos son difícilmente accesibles para las capas más desfavorecidas de la población", advierte Pascual. "Sin embargo, algunos productos como los lácteos, casi ausentes de la cultura alimentaria del país, están contribuyendo a una mejor nutrición de los niños filipinos".

España también puede enorgullecerse de otras contribuciones de su clase empresarial al progreso de este castigado pueblo asiático: "Muchas empresas españolas están participando activamente en el desarrollo de las infraestructuras de Filipinas; siendo estos sin duda los activos con mayor efecto redistributivo, al facilitar la movilidad generando oportunidades para todos", cuenta el experto.

"Indirectamente, también cabría destacar las aeronaves de carga suministradas a la fuerza aérea filipina, que juegan un papel esencial en las operaciones de asistencia a la población afectada por catástrofes naturales, tales como erupciones volcánicas, inundaciones, tifones y terremotos", concluye.

Un futuro esperanzador, pese a todo 

A la hora de proporcionar una hoja de ruta a las compañías españolas que sopesan emprender la aventura asiática, Pascual subraya que "los lazos históricos y culturales, así como los frecuentes viajes a España de las clases acomodadas filipinas, hacen que la entrada de los productos agroalimentarios sea más fácil".

Sin embargo, Filipinas también ofrece grandes oportunidades para otros sectores como el industrial, siempre y cuando se lleve a cabo una "labor didáctica previa" con los clientes y distribuidores. Y, por supuesto, cualquier intento de establecerse en la excolonia tiene que evaluar sus posibilidades de competir con el gran dragón que ruge en el continente: "La cercanía con China, tanto geográfica como a través de la emergente burguesía chino- filipina, obliga a un posicionamiento en calidad y otros atributos del producto, más allá del precio".

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Fotografía de Xavier Smet en Unsplash
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