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Competencia y Mercados
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El sector hortofrutícola busca dar un paso hacia adelante en su crecimiento exterior

16/07/2020

Es el segmento líder del campo español que tiene grandes oportunidades para crecer en áreas como la digitalización o la personalización de productos hacia el consumidor.

Muy pocos sectores en España pueden presumir de contar con 400.000 empleos directos, que suponen alrededor de la mitad de los puestos de trabajo del campo en nuestro país, pero es que, de acuerdo con los datos de la Federación Española de Asociaciones de Productores Exportadores de Frutas, Hortalizas, Flores y Plantas vivas (Fepex), el segmento hortofrutícola representa la tercera parte de todo lo que se produce y suma el 1,73% del PIB. Durante el primer trimestre de 2020, ya con la crisis sanitaria activa en el mes de marzo, la exportación nacional de frutas y hortalizas frescas registró un crecimiento interanual del 2,5% en volumen, totalizando 3,9 millones de toneladas, según datos del Departamento de Aduanas e Impuestos Especiales.

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En todo 2019, la exportación de estos productos fuera de nuestras fronteras sumó 13.542 millones de euros y 13,5 millones de toneladas, con un crecimiento del 8% en volumen y del 5,5% en valor con relación a 2018. Y es que España es el primer exportador del mundo de productos hortofrutícolas frescos, según el informe de PwC ‘El futuro del sector agrícola español’, pero, para mantener esa posición de privilegio debe ser capaz en los próximos años de desarrollar las estructuras y modelos empresariales que permitan maximizar la producción, controlar los costes y abrirse a nuevos mercados, lo que pasa por apoyar el aumento de dimensión empresarial y la capacidad negociadora, avanzar en la profesionalización del sector y orientarse en visión y capacidades a los mercados internacionales.

A pesar de estos datos, de acuerdo con el análisis de One to One Corporate Finance ‘El Sector Hortofrutícola ante un escenario de consolidación’, la industria se encuentra demasiado atomizada, formada principalmente por empresas que facturan menos de 25 millones de euros anuales. Además, existe un excesivo peso de los cítricos (27% del mercado total), que condiciona demasiado el éxito de las campañas de recogida a su ciclo de maduración. Por otro lado, señala el texto, el consumo doméstico representa dos terceras partes de las ventas totales, por lo que se ve muy impactado ante la llegada cíclica de crisis económicas en España, como la recientemente vivida.

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Sin embargo, señalan estos especialistas, el sector está inmerso en una época de grandes cambios, debido a las nuevas preferencias de los consumidores nacionales, que están promoviendo la entrada de nuevos productos, como los tropicales, así como la potenciación de variedades más premium o el gusto por las etiquetas que atestiguan que se trata de alimentos ecológicos y sostenibles. Todo ello está empujando a las compañías a volcarse todavía más en el mercado exterior, principalmente a países de la Unión Europea.

La importancia de la cadena de suministro

Distintas agrupaciones del sector, como Asociación Interprofesional de Limón y Pomelo (Ailimpo) o la cooperativa de cooperativas Anecoop, ratificaron ante la Comisión Europea a comienzos de abril que la campaña de producción y recogida se estaba desarrollando a un ritmo similar al de otros años, aunque, como es lógico, les generaba inquietud la implicación del cierre temporal del canal Horeca. Su principal reclamación era que, debido al cese de actividades de muchas industrias por la pandemia, la mayoría de los camiones regresaban de vacío a España para mantener los ritmos de carga y, por ello, las compañías debían abonar entre un 20%-25% más de flete que antes de la COVID-19. 

El final de la primavera, momento en que se ha vivido la pandemia global, supone tradicionalmente una época muy relevante para el sector, puesto que finalizan gran parte de las campañas de hortalizas y comienzan las de varias frutas de verano, como la sandía o el melón. Parece que, a pesar de las circunstancias, la industria ha vuelto a ofrecer su mejor cara, ya que, de acuerdo con un informe de la patronal europea de fruta fresca y hortalizas (Freshfel Europe), “el  sector hortofrutícola ha sido capaz de proporcionar un suministro continuo de productos frescos, seguros y saludables a los consumidores durante la pandemia”, si bien, destaca el documento, “los principales problemas han venido de la disponibilidad y los mecanismos de protección de la mano de obra, las limitaciones logísticas y el propio rendimiento del mercado”. Según sus conclusiones, este segmento de actividad precisará de un apoyo gubernamental mayor durante los próximos meses para poder aspirar a mantener su competitividad.

Retos de futuro

De acuerdo con el último informe anual de la OCDE y de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), durante la próxima década aumentará la demanda mundial de productos agrícolas en torno a un 15%, pero aún más crecerá la producción, lo que hará que los precios se mantengan en la misma situación actual o incluso bajen algo más. Esta distorsión se producirá principalmente porque, aunque el uso de tierras agrícolas permanecerá constante, la introducción progresiva de mejoras tecnológicas permitirá hacer más eficientes los rendimientos y una mayor intensidad de producción.

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Además, afirma el documento, en paralelo se están desarrollando otro tipo de incertidumbres, como las perturbaciones por las tensiones comerciales, la propagación de enfermedades de cultivos y animales, la creciente resistencia a los antimicrobianos, las respuestas normativas a las nuevas técnicas de fitomejoramiento, los fenómenos climáticos cada vez más extremos y las respuestas de las políticas frente al alarmante incremento de la obesidad a nivel mundial. En este abanico de desafíos, el sector ya se encuentra trabajando en proyectos de I+D+i mediante desarrollos, por ejemplo, en el campo de la biotecnología y la mejora genética de las plantas, o en la llamada agricultura de precisión, que ayudará a optimizar todavía más los procesos.

A estos retos se han sumado recientemente otros derivados de la crisis sanitaria cuya evolución también marcará profundamente el futuro del sector. Es el caso de, por ejemplo, el cambio que se está observando en las preferencias de los consumidores por los alimentos con garantía de alta calidad o de la necesidad de que las empresas tengan una mayor presencia virtual debido a la aceleración de la digitalización entre la sociedad. En esta nueva realidad, las compañías tienen muchas oportunidades para crecer en temas como la mejora de los envasados, una comunicación más directa con el cliente final o a través de la introducción de nuevos productos dirigidos a un público más cosmopolita y global, pero, también, más exigente en cuanto a la información sobre lo que está consumiendo y en relación a la transparencia y el compromiso social de las organizaciones que se lo han llevado a la mesa.

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