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El sector del vino tras la crisis: retos y oportunidades

16/07/2020

A pesar de los efectos negativos de la pandemia, la industria vinícola española está preparada para afrontar los grandes desafíos que se le presentan en el futuro.

Muy cerca de la ciudad de Cádiz, hace alrededor de 3.000 años, los fenicios, que hacía bien poco que habían fundado la ciudad y los alrededores (bajo el nombre de Necrópolis de Gadir) decidieron darle un uso distinto a las uvas que crecían en esa parte de la Península desde el periodo del Neolítico, creando los primeros vinos de Hispania que, muy pronto, comenzaron a adquirir un notable prestigio por todo el Mediterráneo. Ahí comenzó una relación eterna de nuestro país con esta bebida y a la que no pudieron renunciar ni griegos, ni romanos, ni árabes ni tantos otros que se sucederían con el paso del tiempo. Una historia de muchos éxitos y algún pequeño lunar (como la plaga de la filoxera en el siglo XIX), que ahora afronta una amenaza desconocida como consecuencia de la reciente crisis sanitaria, ya que gran parte de sus mejores clientes, como el canal Horeca (hoteles, restaurantes y cafeterías), han permanecido cerrados o con restricciones de aforo durante algunas semanas, a lo que se ha sumado el propio confinamiento social, que ha afectado de manera muy relevante a las ventas y al consumo.

Contexto internacional

La International Organisation of Vine and Wine (OIV) subraya que algunos de los países más afectados por el impacto de la pandemia, como EE.UU., Francia, España, Reino Unido o Italia, se sitúan, también, entre los principales consumidores de vino del planeta, lo que podría provocar para la industria una duración de la recesión más larga que en otros segmentos de actividad. Además, el documento alerta del súbito cambio que se ha estado produciendo durante los meses recientes en los canales de venta mundiales, ya que se ha desplomado (lógicamente) el consumo en bares, restaurantes y superficies relacionadas con el turismo (como las tiendas duty free o los cruceros), mientras que las compras en los supermercados y los marketplaces en la Red se han disparado.

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El estudio afirma que aunque el crecimiento en ventas por estas dos vías no es suficiente para enmascarar por completo la caída en los canales tradicionales, sí que está funcionando el auge del comercio electrónico para que pequeños y medianos productores logren dar salida a sus botellas, algo que tradicionalmente les era muy complicado debido al empuje comercial y a la saturación de los puntos de venta por parte de la principales marcas globales. Todo ello está provocando, a juicio de sus autores, que se esté forjando un nuevo mercado de comercialización directa en el que los consumidores están contentos de adquirir productos exclusivos y de modestas tiradas pero que tienen una gran calidad.

Todo ello, concluye el informe, terminará por influir tanto en el consumo mundial de vino (que llevaba varios años rondando un volumen estable por ejercicio de 104 millones de hectolitros), como en el alza de los precios, que ya llevan aproximadamente repuntando desde hace una década y que cerraron 2019 por encima de los 3 euros el litro.

La realidad española

Según las cifras de la Federación Española del Vino (FEV), la facturación anual de las aproximadamente 4.300 bodegas que hay en nuestro país supera los 6.500 millones de euros, lo que representa alrededor del 1% del PIB nacional. Con casi un millón de hectáreas dedicadas a viñedo, España es el primer país del mundo por superficie de cultivo, siendo el líder en exportación global por volumen, e invierte cada ejercicio en torno a 200 millones de euros en proyectos de I+D+i. Datos que por sí solos hablan de la importancia de esta industria, tanto como emblema de la marca España como de su capilarización estratégica en pueblos y regiones con poca densidad de población, que permite generar empleo directo e indirecto que mantiene ‘vivos’ a estos territorios.

Sin embargo, de acuerdo al Observatorio Español del Mercado del Vino (OeMv), el efecto de la crisis sanitaria en el país ha provocado una reducción media del consumo entre los meses de marzo y abril que ronda el 30%, mientras que las exportaciones hasta mayo cayeron un 11,6% en litros y un 6,5% en euros. Conscientes de esta realidad, a comienzos de junio el Gobierno aprobó un paquete de ayudas para la reactivación de la industria de 90 millones de euros, con el objetivo de “paliar la difícil situación que atraviesa el sector por causa de la COVID-19”, y que se utilizarán para “la destilación de crisis, las ayudas al almacenamiento privado y la cosecha en verde”.

A pesar de este ajuste, las empresas del sector han mostrado durante la pandemia su lado más solidario, a través de iniciativas como, por ejemplo, la compra de material sanitario (aprovechando los contactos de muchas bodegas con importadores chinos), la cesión de instalaciones para producir geles hidroalcohólicos y alcoholes sanitarios, la concreción de ayudas económicas directas al canal Horeca (#FuerzaBar), la colaboración en campañas de apoyo al colectivo sanitario (#YoMeCorono), la realización de programas gratuitos de formación online sobre el vino, y hasta la puesta a disposición de ayuntamientos, tractores para llevar a cabo la limpieza de las calles de muchos municipios.

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Retos de futuro

La Plataforma Tecnológica del Vino (PTV) ha indicado que los principales desafíos de la industria vinícola que son consecuencia de la pandemia son el uso de las nuevas tecnologías, la digitalización, las innovaciones sobre la predicción de las cosechas, la sensorización y la investigación sobre enfermedades relacionadas con la madera. Además, se lleva años trabajando activamente en el uso de alternativas al cobre y el azufre, en la reducción de los tratamientos fitosanitarios y en una utilización más racional y eficiente del agua.

En relación a materias más operativas, esta misma entidad señala que es preciso que se realicen más estudios para conocer las tendencias y preferencias de los consumidores, en especial de los más jóvenes, así como en el diseño y la trazabilidad de los productos, introduciendo paulatinamente elementos como etiquetas inteligentes, envases más sostenibles o cierres de mayor calidad y durabilidad.

Desde un punto de vista relacional y diplomático, la Organización Internacional de la Viña y del Vino (OIV) ha insistido en solicitar al Gobierno y a la Comisión Europea un papel activo en la defensa de los vinos embotellados frente a la aplicación de aranceles internacionales como consecuencia del conflicto comercial entre EE.UU. y China. De hecho, tanto esta asociación como otras del sector han advertido de que será un punto clave para la próxima negociación de la Política Agraria Común (PAC) que exista un consenso continental para la defensa internacional en el comercio de productos de singularidad histórica y cultural, como es el caso del vino, para lo que se está trabajando en colaboración con otras industrias para tener una posición común que llevar a Bruselas.

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Fotografía de Klara Kulikova en Unsplash
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