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El Método Bullet Journal: ahorrar y diversificar de manera analógica

03/10/2020

Una buena administración de los recursos y una clara vocación a la gestión y a la toma de decisiones son dos de las claves para que este sistema tenga una aplicación útil y eficaz para cualquier inversor, y más en épocas de gran volatilidad en los mercados.

Isabel I, posiblemente la primera gran reina del floreciente imperio británico del siglo XVII, lo tuvo prácticamente todo: desde grandes victorias militares a la conquista de nuevos territorios, pasando por la oportunidad de conocer a algunas de las más reconocidas figuras de la cultura británica, como los dramaturgos William Shakespeare o Christopher Marlowe. Al borde de la muerte, tras 44 años de reinado y más de media vida peleando contra Felipe II por la hegemonía en los mares, cuenta la leyenda que le dijo a su confesor que “cambiaría todas mis posesiones solo por un poco más tiempo”.

Cuatro siglos después, los seres humanos parecen vivir todavía más si cabe esa sensación de que el día no tiene las suficientes horas, merced a los quehaceres laborales que saturan las agendas, a la necesidad de tener que atender a los hijos o a las propias rutinas de, por ejemplo, hacer la compra o llevar el coche al taller. Para muchos, la clave está en alcanzar una organización eficaz de las tareas, con la ayuda de la tecnología para establecer alarmas y calendarios digitales, medir el tiempo real de cada actividad o, incluso, analizar la ruta más rápida y con menor tráfico entre un lugar y otro. Sin embargo, para un grupo de personas cada vez más creciente, el secreto de llegar a todo se encuentra simplemente en un trozo de papel y un bolígrafo, gracias a los cuales no solo ha aprendido a aprovechar mejor su jornada, sino, también, a gestionar con mayor eficiencia sus carteras de inversión, logrando resultados positivos.

Constancia y paciencia

El diseñador de productos digitales, Ryder Carroll, es el creador del Método Bullet Journal (o BuJo, como lo acortan sus seguidores coloquialmente), que, a grandes rasgos, es un organizador personal que sirve para registrar y hacer seguimiento de todas las tareas y acciones que se tienen planeadas. Su premisa es sintetizar y hacer más fácil lo complejo, de modo que se pueda disponer de una mayor claridad para jerarquizar las actividades pendientes, generando un mayor compromiso si cabe hacia ellas.

Hacer fácil lo complejo y ayudar a sintetizar la información son dos de los objetivos principales del ‘BuJo’

El planteamiento inicial de Carroll se basa en numerar las páginas en blanco de un cuaderno, de cara a establecer un índice que se creará más adelante, facilitando el acceso a la información que se vaya escribiendo en base a compartimentos distintos. Dentro de cada tarea, con independencia del lugar en el que se encuentre, se le añade una clave (key, en inglés), que se trata de un código pictográfico que sirve para catalogarla según su importancia, su utilidad o la cantidad de tiempo que llevará el realizarla. En la parte final del cuaderno, se dejan unas páginas denominadas logs, que sirven de eje para la planificación de otras ideas u objetivos futuros gracias a la experiencia que se ha ido ganando durante la realización de las actividades, casi como si se tratara de algo inspiracional. En este apartado, es posible marcar retos diarios, a corto y medio plazo, o, incluso, otros de carácter vital para los que resulta necesario ir trabajando día a día para aspirar a lograrlos.

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Al final de periodos de tiempo siempre de igual duración, por ejemplo, cada semana, hay que revisar todas las tareas que se han realizado y las que no, y dedicar unos minutos a reflexionar qué ha podido fallar y cómo instrumentar estrategias que ayuden a que se puedan completar en el futuro. De este modo, y apoyándose en la experiencia acumulada de ir repitiendo esta fase de meditación regularmente, el cuaderno del BuJo se convierte en una poderosa herramienta de Visual Thinking que contribuye a estimular la creatividad y el desarrollo de nuevos planteamientos e ideas.

Aplicarlo a la gestión de una cartera

Muchas personas tienen marcado algún objetivo vital en el largo plazo que les empuja a ahorrar e, incluso, a llevar una planificación de sus finanzas, como disfrutar de una vejez tranquila y sin sobresaltos, poder garantizar la mejor educación universitaria a sus hijos o dar la vuelta al mundo con su pareja al llegar a la jubilación. Sin embargo, a lo largo de un periodo de tiempo extenso como es, por ejemplo, una carrera profesional, ocurren muchas vicisitudes tanto en los mercados, lo que se conocen como ciclos económicos, como en la vida personal, que afectan en mayor o menor grado a una cartera de inversión. Por todo ello, un método como el BuJo puede convertirse en un poderoso aliado para ayudar a tomar decisiones sobre las finanzas con una óptica de flexibilidad y de permanente adaptación.

Una coyuntura como la reciente crisis sanitaria ha tenido un efecto súbito en los mercados, debido al incremento extraordinario de la volatilidad que, en el caso de la cotización de muchas acciones, ha supuesto la concatenación de importantes subidas y bajadas, llevando el pánico a muchos ahorradores de todo el mundo. Además de la ayuda profesional que puede obtenerse a través de, principalmente, los asesores financieros que, entre otras vías, ofrece la industria bancaria, resulta fundamental para cualquier inversor minorista tener la cabeza fría, ordenar más que nunca sus ideas e intentar comportarse teniendo presente en todo momento el poder cumplir con los objetivos, tanto los de largo plazo como los inmediatos.

La volatilidad actual de los mercados obliga a los inversores a tener la cabeza fría, analizar sus objetivos y, si es posible, recurrir al asesoramiento profesional

Con estas premisas, en el cuaderno del BuJo una posible estrategia es la de marcarse cada semana tareas relativas a obtener información y conocimiento sobre los mercados, a planificar posibles formas de diversificar las inversiones o, incluso, a plantear con qué instrumentos contar para poder generar puntas de liquidez con las que participar en potenciales oportunidades que surjan. Analizar de forma periódica los éxitos (y los fracasos) para implementar cambios, añadir nuevas metas o incluir tareas que se crea que pueden contribuir a incrementar las posibilidades de éxito son algunos de los beneficios que aporta este método.

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Además, el periodo de reflexión continuo destinado a sopesar nuevas ideas o enfoques de inversión, o, incluso, a aventurar cuál puede ser la dirección de los mercados, servirá tanto para capear la gestión de la volatilidad en el corto plazo, como para ayudar a mitigar cualquier toma de decisión emocional si, por ejemplo, un fondo de inversión del que se es partícipe se está comportando mal o si el Unit Linked en el que se ha confiado para obtener ahorros de cara a la jubilación está cosechando malos números. El BuJo ayuda, en definitiva, tanto a planificar el futuro financiero guiándose siempre por los objetivos vitales marcados en el largo plazo como a poder controlar mejor los impulsos humanos y, a veces, poco racionales, que cualquier ahorrador corre el riesgo de sufrir en momentos de gran volatilidad. Y, todo ello, apenas armados con un cuaderno, un bolígrafo y, sobre todo, la capacidad de utilizar el potencial de la mente para gestionar del mejor modo posible la cartera de inversiones.

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Fotografía de Hassan Pasha en Unsplash
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