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El Bitcoin en la ‘nueva normalidad’: riesgos, usos y tendencias

08/09/2020

La crisis sanitaria, social y económica provocada por la COVID-19 ha supuesto una oportunidad para que las criptomonedas penetren en nuevos mercados, trabajen con los grandes bancos y atraigan a los principales inversores

Si la digitalización ha sido la tendencia ganadora tras los cambios derivados de la crisis del coronavirus, esta ha llegado también al mundo de las finanzas, consolidando el mundo de las criptomonedas como una opción de valor. Y es que la inestabilidad de los mercados más convencionales, sumada a la ya definitiva implantación de la digitalización en el día a día de la sociedad ha abierto el espectro en el vasto ámbito de la inversión. No obstante, las criptomonedas suelen estar caracterizadas por su alta volatilidad, lo que hace que sean consideradas un activo de alto riesgo y poco adecuado para la inversión minorista, tal y como expresa la Security Exchange Commission (SEC). 

A raíz de la COVID-19, se ha democratizado el acceso a los diferentes activos criptomonetarios, lo que supone el espaldarazo definitivo en este mercado y un cambio de mentalidad y de percepción respecto a las monedas digitales. Señala JP Morgan, en su informe sobre ‘Bitcoin’ (código BTC) publicado a tenor del último halving del 11 de mayo (evento que marca cada cuatro años un punto de partida hacia nuevos máximos en el precio del Bitcoin) que, en cuanto al perfil de los inversores, los más conservadores ven en épocas de incertidumbre el oro como su gran expectativa, en especial aquellos de más edad. No obstante, en estos momentos son los jóvenes los que más están aupando en sus últimas compras a la criptomoneda como auténtico refugio al no saber qué puede pasar en el futuro inmediato.

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El Bitcoin es el activo al que todos siguen y el que suele introducir a quienes se adentran en este ámbito, ya que es el más extendido y el que mayores usos ofrece. No obstante, es importante tener en cuenta que se trata de activos muy volátiles: en marzo, el precio del Bitcoin (código BTC) cayó aproximadamente hasta los 3.000 dólares y rápidamente se recuperó a más de 9.000 dólares, e incluso llegó a alcanzar, aunque por un breve periodo de tiempo, los 10.000 dólares. 

Las criptomonedas penetrarán en nuevos mercados en una realidad pos-COVID-19

Actualmente, nadie pone en duda que el Bitcoin y la tecnología Blockchain han llegado al mercado para quedarse. En la ‘nueva normalidad’, el Blockchain se puede aplicar al Internet de las cosas (IoT, por sus siglas en inglés), los sistemas médicos, las cadenas de suministro, y se puede utilizar para la transparencia en los mercados financieros, así como en las organizaciones benéficas y no gubernamentales. Pero el Bitcoin no es la única. Según recoge el CoinMarketCap, a esta le siguen otras como Ethereum, XRP y Tether. En total, se trata de un mercado cuya capitalización ronda los 280.000 millones de dólares. En suma, se trata de una tecnología cuyo valor en 2023 podría alcanzar los 15,90 millones de dólares, según datos de la consultora IDC.

Por ahora, la mayor parte de la atención permanece en el Bitcoin. Sin embargo, en una realidad pos-COVID-19, la diversificación de las carteras será cada vez más importante, lo que supone una oportunidad para que las criptomonedas penetren en nuevos mercados, trabajen con los grandes bancos y atraigan a los principales inversores.

Lejos de mirar con escepticismo las monedas digitales, gobiernos y bancos centrales ya se están uniendo a esta tendencia. En el mes de agosto, el Banco Popular de China amplió a sus tres mayores núcleos urbanos (donde viven más de 400 millones de personas) una prueba de un yuan digital. Al mismo tiempo, en EE.UU., la Reserva Federal de Boston anunció su colaboración con el Instituto de Tecnología de Massachusetts en un grupo de trabajo que analiza "las oportunidades y limitaciones de las posibles tecnologías de formas digitales de dinero del banco central". Asimismo, el Banco Internacional de Pagos ha establecido un Centro de Innovación para analizar las monedas digitales.

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Las monedas físicas actúan como almacén de valor, medio de cambio y unidad de cuenta estable. En cambio, dependiendo de cómo se diseñan, las monedas digitales sirven para algunos o todos estos propósitos. Por ejemplo, algunas criptomonedas tienen como objetivo principal ser un medio anónimo de transferencia de valor. En esta línea, hay otras que tienen por objeto agilizar las transacciones. Otras se conciben como un billete virtual vinculado al valor de las monedas nacionales existentes. En este contexto, existen diversos modelos experimentales que, desde Boston Consulting Group han englobado en amplias categorías, entre las que destacan: 

  • Criptomonedas: Estas monedas basadas en Blockchain permiten realizar transacciones, aunque algunas también se utilizan como depósito de valor a largo plazo. El ejemplo más conocido es el Bitcoin, pero otros incluyen Litecoin, Monero, Dash y Zcash. Dado que funcionan de manera descentralizada y utilizan la criptografía como medida de seguridad y de lucha contra la falsificación, suelen permitir cierto grado de anonimato en las transacciones entre pares. Los organismos encargados de hacer cumplir la ley y los procesadores de pagos no tienen jurisdicción sobre las cuentas de Bitcoin, pero el anonimato de estas monedas también aumenta el riesgo de que se cometan delitos financieros.
  • Stablecoins. Están asociadas a un activo específico, como el dólar estadounidense u otras monedas nacionales. Las monedas respaldadas por activos pueden estar vinculadas a productos básicos, como el oro. La mayoría se utilizan como medio básico de intercambio para la entrada en el mercado, la cobertura, el almacenamiento y para facilitar las transacciones entre el mundo digital y el físico. Entre los ejemplos se incluyen la moneda en dólares de los Estados Unidos, el dólar géminis y el TrustToken.
  • Consorcio stablecoins. De manera similar a las anteriores, los stablecoins de consorcio son emitidos por grupos y no por organizaciones individuales. Libra, el intento de moneda digital de Facebook, es un buen ejemplo de ello. Al igual que otros stablecoins, los de consorcio permiten realizar pagos transfronterizos instantáneos y pueden ser especialmente atractivos para las personas que están fuera del sistema financiero tradicional. En el caso de la libra, por ejemplo, trataron de crear originalmente una moneda basada en una cadena de bloques que estuviera respaldada por una cesta de monedas internacionales como el dólar estadounidense, el euro y el yen japonés, creando de hecho una moneda supranacional que fuera independiente de las autoridades reguladoras nacionales e internacionales existentes.
  • Monedas corporativas. Utilizadas principalmente para las transferencias de empresa a empresa, estas monedas aprovechan la velocidad y la eficiencia de las transacciones que ofrece el Blockchain, preservando al mismo tiempo el control sobre la Red y la capacidad de hacer cumplir las restricciones. El acceso preaprobado puede dar a los participantes la seguridad de la legitimidad de la Red. Sin embargo, la proliferación de monedas corporativas probablemente crearía confusión, dificultando a los usuarios la comprensión del valor relativo de las diferentes opciones, apuntan desde Boston Consulting Group.
  • Monedas digitales del Banco Central (CBDC). Emitidas por un banco central, están destinadas a servir como moneda de curso legal. La primera generación de CBDC, introducida hace aproximadamente una década, tenía una interoperabilidad y una programabilidad limitadas. La siguiente generación, conocida como CBDC 2.0, probablemente funcionará a nivel nacional o supranacional (en el caso del Banco Central Europeo). Este tipo de monedas han tomado impulso hace una año y medio, especialmente después de la decisión de China de empezar a trabajar en su propia moneda.  El Banco Central Europeo (BCE), el banco central de Canadá y otros también están acelerando sus plazos de investigación y de desarrollo.

Cómo tributa el Bitcoin en la declaración de la Renta

Con el auge de esta moneda, se hace necesario conocer cómo gestionar su tributación y su reconocimiento a nivel internacional. En este sentido, según la Corte Superior de Justicia de la Unión Europea, desde 2015 el Bitcoin y otras criptomonedas están consideradas un medio de pago. Esto quiere decir que tiene la misma validez que una moneda, con la diferencia de no depender de ningún banco central. Por tanto, las operaciones con Bitcoins no tienen IVA, ni para el comprador ni para el vendedor. Aun así, al ser considerada una moneda, sus propietarios deben pagar impuestos como si de cualquier otra actividad financiera se tratase.

En España, desde enero de 2018, el Ministerio de Hacienda utiliza unas directrices especiales para las criptomonedas. Las operaciones que se realizan con monedas no tradicionales constituyen operaciones financieras, siempre y cuando esas monedas hayan sido aceptadas como medio de pago por todas las partes de una transacción.

Por lo tanto, cualquier ingreso o gasto derivado de la compraventa de criptomonedas debe incluirse en la declaración de la Renta de igual forma que si se tratara de otras inversiones, ya que tienen la consideración de ganancia o de pérdida de patrimonio. El resultado de esta actividad se incluirá en la compensación de ganancias o de pérdidas patrimoniales.

Fotografía de Bitcoin BCH en Unsplash
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