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El auge de la industria ‘EdTech’ tras la COVID-19

08/10/2020

La tecnología aplicada al ámbito educativo es imprescindible para reducir el impacto de la crisis sanitaria, aunque también se enfrenta a diversos retos

Es el momento de la Educational Technology (EdTech). La crisis sanitaria provocada por la COVID-19 ha dejado en evidencia que la educación y la tecnología en España todavía no están al nivel óptimo. Desde que se declaró el estado de alarma hace más de medio año, el sistema educativo se ha visto obligado a reinventarse para garantizar una enseñanza a distancia. Y así, en medio del siglo XXI, en un año marcado por una pandemia, el sector EdTech está experimentando un crecimiento exponencial, en cierta medida porque resulta imprescindible en el contexto actual.

Ejemplo de ello son las rondas de financiación que se han anunciado durante los últimos meses. Por ejemplo, la de Owl Ventures, el mayor fondo de capital riesgo en tecnología educativa, con más de 1.200 millones de dólares en activos bajo gestión, que anunció hace unas semanas el cierre de una ronda de 585 millones de dólares en dos nuevos fondos para ayudar a impulsar su estrategia en las principales empresas de tecnología educativa del mundo. O la que cerró, por 10 millones de dólares, la startup española Odilo, considerada como el ‘Netflix español’ al ayudar a empresas, instituciones, colegios o universidades a facilitar digitalmente sus contenidos.

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¿A qué retos se enfrentan las ‘EdTech’?

Con la propagación del coronavirus, más de 180 países a nivel global decretaron el cierre temporal de las escuelas. Debido a ello, más de 1.600 millones de alumnos dejaron de asistir a clase, lo que supone que el 85% de los niños de todo el mundo estaban afectados, según datos del Banco Mundial. Por ello, el reto al que se enfrentan los gobiernos y las administraciones es reducir el impacto negativo que la pandemia puede tener en el aprendizaje y en la escolarización. Y la tecnología aplicada en el ámbito educativo juega un rol imprescindible para ello.

La COVID-19 ha puesto de manifiesto la brecha digital, un problema para el acceso a las tecnologías de la educación

Conectividad, acceso a hardware, herramientas digitales en los planes de estudios… Utilizar la tecnología de forma efectiva puede ayudar a transformar y fortalecer los sistemas educativos. Sin embargo, la crisis ha puesto de manifiesto la brecha digital y las desigualdades que existen en el acceso a ella. Por ejemplo, en las viviendas de los estudiantes en edad de cursar la enseñanza primaria en África, el 30% de los hogares más empobrecidos disponen de radio; el 4%, de televisión; menos de un 1%, de ordenador; el 0,3%, de Internet; y el 46%, de teléfonos móviles. En los hogares con rentas más altas, los porcentajes son muy diferentes: el 79% disponen de radio; el 82%, de televisión; el 25%, de ordenador; el 22%, de Internet; y el 97%, de móvil. Situación similar es la que se da al cruzar el Atlántico. Según un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el 67% de la población de esa zona utiliza Internet, pero con drásticas diferencias entre países. En los considerados ‘bien conectados’, la penetración se encuentra entre el 40% y el 50%, descendiendo hasta el 10% en aquellos países con ‘mala conexión’.

El potencial del uso de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) en la educación es muy elevado, ya que puede permitir a los estudiantes mejorar su desempeño en materia de aprendizaje, aprender a su propio ritmo, desarrollar habilidades digitales destacadas, y adquirir conocimientos informáticos útiles y valiosos. A pesar de ello, también existen todavía una serie de desafíos que indican desde el Banco Mundial:

  • Los altos costes
  • La baja capacitación de profesores y maestros
  • Las dificultades de implementación
  • La necesidad de estadísticas para evaluar resultados
  • El acceso a Internet de forma más rápida, extendido y confiable
  • La adecuación de herramientas de hardware y software

¿Cómo implementar la tecnología para reimaginar la educación?

Como se ha visto, la apuesta por el sector EdTech es muy fuerte, tanto desde fondos privados como desde los propios sistemas educativos. En este sentido, el Banco Mundial señala cinco principios básicos para diseñar e implementar correctamente la tecnología en la enseñanza:

  1. Preguntar por qué: las EdTech deben centrarse en la educación y no solo en la tecnología y necesitan ser desarrolladas con un claro propósito, con una estrategia y con una visión de cambio. Hay que preguntarse qué problemas de la educación deben abordarse y qué transformación resultante se desea.
  2. Diseño a escala: el diseño de las EdTech debe ser flexible, centrado en el usuario, equitativo e inclusivo. De esta manera se logrará que sea escalable. Por tanto, el diseño comienza con un compromiso proactivo y con empatía hacia todos los posibles usuarios finales.
  3. Potenciar a los docentes: las EdTech no deben reemplazar a los profesores, sino incrementar y mejorar la enseñanza. La tecnología reemplazará parte de lo que hacen los maestros actualmente y, al mismo tiempo, les apoyará para que asuman nuevas tareas y responsabilidades. Además, el uso de la tecnología por parte de los docentes les permitirá aprovechar una serie de recursos para proporcionar un aprendizaje más centrado y personalizado a los estudiantes.
  4. Comprometerse con el ecosistema: los diferentes ministerios de educación tienen que aprovechar el interés de las diferentes partes implicadas en el ámbito educativo para desarrollar e implementar los programas y políticas de EdTech. Además, deben encontrar la forma de incentivar, integrar y sostener a los innovadores de su país en este sector. Se requiere de un ecosistema muy amplio, desde los propios estudiantes, maestros o padres, hasta empresas de telecomunicaciones, desarrolladores de equipos o aplicaciones, y todos ellos deben trabajar de manera conjunta.
  5. Data driven: la tecnología puede y debe utilizarse para recopilar de forma más fácil datos de instituciones educativas, para analizarlos y para apoyar la toma de decisiones. Por ejemplo, para rastrear el desempeño de los estudiantes, detectar la distribución de libros o conocer el gasto del sistema educativo. Los países deben disponer de sistemas flexibles que eviten silos de datos que no se comuniquen entre sí. Para ello, se deben promover normas transparentes que faciliten la interoperabilidad de los sistemas, los datos y el contenido y eliminen los obstáculos a la competencia a fin de promover y reforzar una cultura de adopción de decisiones basadas en datos.
 
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