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El asesor financiero, clave para navegar con éxito en los mercados en 2021

09/03/2021

Han sido una figura clave para muchos ahorradores e inversores en los peores momentos de la crisis y, con vistas a la recuperación, los asesores financieros deben seguir jugando un papel fundamental en la identificación de oportunidades mediante una gestión activa de la cartera.

Decía el estadounidense Benjamin Franklin que “es posible dar consejos pero no dar conducta”. Las turbulencias actuales que gobiernan los mercados financieros, debido a la volatilidad que ha impulsado la pandemia global y la consecuente recesión económica, han llevado la inestabilidad tanto a la renta variable como a la renta fija. Los sucesivos rallies alcistas y bajistas de muchos valores a lo largo de 2020 se han visto secundados en el tiempo por una caída generalizada en la rentabilidad de productos como los bonos gubernamentales o las Letras del Tesoro. En los últimos meses, una nueva amenaza para los inversores ha comenzado a coger forma: mientras la deuda de muchas economías se dispara como consecuencia de la desestabilización de sus cuentas públicas para hacer frente a la crisis, las políticas de reactivación (que, en Europa, por ejemplo, tienen uno de sus máximos exponentes en el Fondo de Recuperación Económica) están sirviendo para que muchos analistas adviertan de la previsible subida generalizada de la inflación. Y, todo ello, mientras la incertidumbre acerca de posibles nuevas oleadas de contagios sigue ahí y, con ello, la llegada de más medidas de restricción y de confinamiento.

Más y mejor informados

En este panorama de inestabilidad, muchos inversores han aprendido a salir de su zona de confort y abandonar sus estrategias tradicionales de gestión del ahorro para apostar por activos que les ofrezcan la promesa de una rentabilidad más elevada. Todo ello habida cuenta de que, en un contexto general de tipos de interés cercanos a cero, productos como los depósitos a plazo, las cuentas remuneradas y, a nivel global, la deuda pública, no parecen una elección adecuada si, al menos, se quiere batir el comportamiento de la inflación y no perder dinero. A esta realidad, hay que sumar el hecho de que no pocos ahorradores, como consecuencia de la crisis económica, han tenido que replantearse sus necesidades financieras en el corto plazo, así como sus propios objetivos vitales pensados para un horizonte temporal elevado.

Ante esta realidad, la solución más habitual ha sido la de procurar buscar más información sobre los mercados, intentando entender lo que ocurre y, sobre todo, interpretar con más claridad lo que va a venir. Sin embargo, disponer de más información no significa gestionar mejor una cartera, ya que la sobreinformación actual impide, con frecuencia, convertir todo ese contenido, en forma de análisis, artículos o noticias, en datos realmente útiles. Y es, en este contexto, en el que la figura del asesor financiero cobra, incluso, mayor relevancia para los ahorradores que en otros momentos del pasado.

La pandemia ha sido un disruptor tecnológico de la industria financiera, pero el inversor necesita de un asesor profesional que analice la sobreinformación

Decisiones responsables y racionales

En momentos de incertidumbre en los mercados, la principal función de un asesor financiero es la de ofrecer tranquilidad a sus clientes. En paralelo, este rastrea e identifica productos que se adapten a sus necesidades mediante una óptica de gestión activa y profesional de su patrimonio. Es decir, habrá inversores cercanos a la edad de jubilación que quieren preservar su capital antes de iniciar una fase de desacumulación en su retiro. Para ellos, conviene apostar por activos estables y, en general, por una estrategia más conservadora. 

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En cambio, para los más jóvenes, puede ser más adecuado incorporar un mayor nivel de riesgo en la cartera, quizá añadiendo activos más descorrelacionados del ciclo económico, como pueden ser los fondos de inversión basados en megatendencias, que intentan identificar a las industrias que se convertirán en los motores económicos globales del mañana.

En este sentido, el asesor financiero, por su formación y especialización, es capaz de entender las necesidades y los intereses de su cliente y construir una estrategia de inversión adaptada a su perfil, a su aversión al riesgo y a su horizonte temporal

Además, cuentan con herramientas propias y especializadas y han sabido adaptar los avances tecnológicos en el proceso de la inversión, como, por ejemplo, la inteligencia artificial. La labor de estos profesionales es bastante compleja, puesto que analizan permanentemente la realidad de los mercados para intentar identificar nuevas amenazas y oportunidades. Y, además, deben implementar con sus clientes una parte emocional, sensible y empática de escucha activa de los miedos y las dudas acerca de la gestión de su patrimonio, impidiendo, por ejemplo, que tomen decisiones basadas en las emociones. De hecho, uno de sus baluartes fundamentales es que logran establecer con el ahorrador una relación de mutua confianza, en la que, a través del conocimiento de sus grandes objetivos vitales, se construye una estrategia flexible para ‘mover’ sus ahorros y, con ello, hacerlos crecer.

Un asesor establece una relación de confianza mutua con el ahorrador, clave para construir una estrategia flexible en base a sus objetivos vitales a largo plazo

El apoyo vital de las nuevas tecnologías

A pesar de que el ‘fantasma’ del confinamiento estricto del segundo trimestre de 2020 parece haber quedado atrás, las reglas de contacto social y físico han cambiado sobremanera. Las reuniones y los actos presenciales son sensiblemente más esporádicos. En esta coyuntura, parece que el trabajo del asesor financiero, al menos, en su parte más empática y emocional, se hace más complicado. Es aquí donde, gracias a las nuevas herramientas digitales, no solo han logrado mantener sus estándares de calidad, sino que, muchos de ellos, los han mejorado sobremanera.

Los sistemas de mensajería instantánea, las sesiones de vídeo en streaming, la flexibilidad en la gestión del correo electrónico y las llamadas telefónicas o, incluso, el desarrollo de apps para identificar oportunidades de inversión o realizar el seguimiento de determinados productos se han consolidado, garantizando la seguridad de todas las operaciones. Los asesores financieros han sabido dar un paso adelante y utilizar las herramientas que la tecnología ha puesto a su alcance para profundizar en la relación con sus clientes, en un momento de incertidumbre en el que estos necesitan el mayor apoyo posible. De un modo proactivo, flexible, adaptando sus agendas y optando por una estrategia didáctica, han sabido romper distancias y establecer mecanismos más eficientes de relación, aportando un valor añadido innegable.

Es decir, han desarrollado una mejora de la experiencia de cliente a través de la respuesta activa a sus necesidades, ampliando su gama de servicios en el epicentro de, posiblemente, la crisis financiera más relevante desde la Segunda Guerra Mundial. 

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Fotografía de Nicola Fioravanti en Unsplash
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