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Educación financiera para niños: ¿cuándo abrirles la primera cuenta?

Thu Oct 22 08:25:41 CEST 2020

Cada vez existe una mayor inquietud entre los padres por enseñar a sus hijos los beneficios de la educación financiera, lo que ha empujado a la industria bancaria a ofrecer productos pensados para ellos desde un prisma didáctico y, a la vez, práctico.

La falta de educación financiera hace más proclives a las personas al endeudamiento y a la quiebra, en especial, en tiempos de incertidumbre económica, como la que se está experimentando a nivel global como consecuencia de la crisis sanitaria provocada por la COVID-19. Esta afirmación viene recogida nada menos que por el Informe PISA (correspondiente a la terminología inglesa ‘Programme for International Student Assessment’) elaborado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en el que se resalta que la carencia de las nociones más básicas en esta materia lleva a que se tomen decisiones equivocadas, lo que, en momentos de crisis, donde la gestión de la liquidez es clave, puede derivar en situaciones de insolvencia.

En el caso de los niños y adolescentes españoles, de acuerdo a los resultados del documento, sus conocimientos financieros están 20 puntos por debajo de la media global, con uno de cada cuatro que no tiene los conocimientos suficientes como para, por ejemplo, saber lo que es una factura, diferenciar entre algunos de los productos financieros más comunes como un plan de pensiones o una hipoteca, o tomar decisiones razonadas sobre la gestión del ahorro o de los gastos cotidianos. Las consecuencias principales de todo ello es que pueden ser víctimas propicias de delitos y timos económicos; que tendrán, probablemente, dificultades para la resolución de problemas matemáticos; y, por supuesto, que carecen de la perspectiva temporal suficiente como para planificar sus objetivos vitales en el largo plazo para, entre otras cosas, comprar una casa en el futuro o complementar su futura pensión.

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Entre las recomendaciones principales de los expertos que realizan este informe destaca una por encima de las demás: la de que cada joven disponga de una cuenta corriente con la que comprender de primera mano en qué consiste la gestión del dinero y que, según la OCDE, les permita, en muy pocos años, ganar cerca de 30 puntos de comprensión financiera gracias a la experiencia práctica que adquirirían. Un objetivo que es crítico desde hace años para el Banco de España y la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), impulsores del Plan de Educación Financiera a nivel nacional, y que pretende seguir la estela del programa de la OCDE ‘Financial Educations on Schools’. Este se basa en una apuesta por la extensión de conocimientos sobre esta materia en todos los niveles del sistema educativo, con especial atención a los colectivos menos favorecidos y teniendo especial relevancia el proceso de digitalización global que se está produciendo en los últimos años.

La falta de conocimientos financieros puede condenar a los niños a sufrir mayores delitos económicos o a no pensar en planificar adecuadamente su futuro

Cuentas pensadas para los más jóvenes

Aunque desde siempre ha existido la tendencia en muchas familias de habilitar mecanismos de ahorro para los niños pensando en que puedan guardar el dinero que reciben, la ley prevé que puedan disponer de su propia cuenta corriente en un banco, pero, aunque el menor sea el titular, debe haber detrás un represente legal adulto, generalmente su tutor. Para su apertura, solo se necesita el DNI del niño o su NIF provisional, que proporciona la Agencia Tributaria, lo que significa que, en realidad, se le puede abrir una cuenta casi desde el mismo momento de su nacimiento.

Una vez operativa, hay que tener presente que solo debe utilizarse para asuntos propios del menor y que, en el caso de que se convierta en una herramienta financiera habitual de su representante, podría conllevar incluso consecuencias judiciales. Es posible, eso sí, que exista incluso una tarjeta asociada que, en cualquier caso, siempre será de débito y nunca de crédito, pero que debe contar, también, con la autorización y confirmación del adulto para la realización de cualquier operación. Por regla general, este tipo de cuentas no suelen cobrar comisiones por administración o por mantenimiento, ni, tampoco, por la realización de traspasos desde otras cuentas, por ejemplo, las de los padres. 

Entre las principales ventajas para un menor de gestionar desde una edad temprana una cuenta corriente se encuentra, sobre todo, la de educarse en la cultura del ahorro, no teniendo de manera directa a los padres como mecanismo para conseguir un videojuego o un libro. Pero, también, existen otras muy relevantes, como poder familiarizarse con los productos financieros y, en general, con la operativa de las entidades bancarias, con la gestión de la liquidez y del efectivo, así como interiorizar su posición y los movimientos que ha realizado a lo largo del tiempo (tanto en los cajeros como a través de Internet o de la app del banco).

Entre los beneficios para un menor de gestionar una cuenta están los de aprender una cultura del ahorro o familiarizarse con la operativa bancaria

Eso sí, también cuentan con una serie de lógicas limitaciones ya que, por ejemplo, no permiten la domiciliación de pagos, ofrecen una baja remuneración en general (ya que su objetivo es principalmente didáctico) y solo están operativas hasta que su titular cumpla en torno a los 25 años. Desde la óptica fiscal, hay que tener presente que, al recibir remuneraciones, el menor se convierte en contribuyente del Impuesto de la Renta y, por tanto, se le aplicarán las mismas retenciones que a los adultos.

A qué edad comenzar

Un estudio del comparador HelpMyCash titulado ‘Cuentas corrientes para adolescentes’ afirma que entre los 12 y los 14 años es probablemente la edad idónea para abrir una cuenta corriente a un menor, ya que, además de una mayor comprensión sobre el valor del dinero y de los intercambios comerciales, puede disponer de una tarjeta asociada, también bajo autorización. Además, aunque de manera limitada, en estas edades son más conscientes de las funcionalidades de la operativa de la banca online, y, aunque no pueden realizar todas las acciones que un usuario digital tipo, sí que reciben retos financieros que, de cumplirlos, les permiten alcanzar recompensas. En algunos países, como Reino Unido o EE.UU., la tarjeta asociada a este tipo de cuentas posibilita, a partir de los 14 años, agregarlas al smartphone del menor y poder pagar así vía Apple Pay, Samsung Pay o Google Pay, aunque, eso sí, siempre bajo tutela y supervisión del adulto.

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Apostar por abrirles una cuenta a edades más tempranas, si bien ayuda a asentar el hábito del ahorro, parece que no genera resultados tan relevantes como hacerlo a las puertas de la adolescencia, cuando los menores ya cuentan con un bagaje de experiencia en la compra de objetos o, incluso, con haber tenido que acumular capital durante un tiempo para, por ejemplo, adquirir un juguete que ansiaban. Es decir, que cuanto más niño, los sistemas más tradicionales como las huchas parecen tener un efecto más didáctico y comprensible para ellos, mientras que, a medida que se acercan a las puertas de la edad adulta, son más proclives a experimentar e interiorizar nociones clave relacionadas con las finanzas que, probablemente, les ayudarán en más de una vicisitud que tendrán cuando se hayan emancipado de casa.

Fotografía de Magda Ehlers en Unsplash
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