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Inversiones Personales
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De ahorrador a inversor, un gran paso para las finanzas personales

Thu Apr 29 09:03:46 CEST 2021

El contexto actual de recuperación y bajos tipos de interés es la oportunidad perfecta para dar el salto a la inversión y conseguir que los ahorros no pierdan valor como consecuencia de la inflación

2021 está llamado a ser el año de la recuperación. Las buenas perspectivas de crecimiento de la economía y el avance de la campaña de vacunación contra el coronavirus en todo el mundo invitan al optimismo. Ahora bien, las medidas de estímulo fiscal y económico que se pusieron en marcha tras el estallido de la pandemia para hacer frente a las consecuencias derivadas de los confinamientos y las restricciones de movilidad jugarán un papel importante en esta recuperación, que debe seguir una senda estable y bien apuntalada. 

Esta batería de políticas de estímulos, sin parangón desde el final de la Segunda Guerra Mundial, abarca desde ayudas directas a las empresas y los hogares, hasta tipos de interés cero para abaratar los costes de financiación de los gobiernos y de las compañías. 

Cómo afecta la crisis de la COVID-19 a los ahorros

Actualmente, los tipos de interés se sitúan en mínimos históricos, una situación que, previsiblemente, se prolongará en el tiempo hasta que la economía tome tracción por sí misma y que está teniendo consecuencias directas en el ahorro. En este escenario, las alternativas de ahorro más comunes y seguras, como las cuentas corrientes o los depósitos, ofrecen muy poca o nula rentabilidad, por lo que no permitirán revalorizar ese ahorro. Y precisamente la crisis económica derivada de la situación de la COVID-19 ha impulsado ese ahorro de las familias al producirse una contención del gasto como respuesta a la incertidumbre hasta alcanzar una tasa del 14,8% en 2020, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). Esta tasa es 8,5 puntos porcentuales superior a la registrada en 2019 y la más alta de toda la serie histórica, que se inició en 1999.

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Las alternativas de ahorro más comunes y seguras, como las cuentas corrientes o los depósitos, ofrecen muy poca o nula rentabilidad

Además, hay que tener en cuenta que mantener los ahorros en cuentas corrientes o depósitos conlleva unos costes:

  • Un coste directo, relacionado con el mantenimiento de la cuenta corriente.
  • El coste de la pérdida de valor del capital debido a la inflación que ha irrumpido con fuerza en 2021 gracias a la reactivación económica, lo cual provoca una merma para el poder adquisitivo de las familias con el paso del tiempo. 
  • El coste- oportunidad que se pierde al renunciar a generar retornos a largo plazo vinculado a la revalorización de los mercados financieros. De hecho, cuanto más aumenta el horizonte temporal, más elevado será el coste de oportunidad asumido, lo que puede tener consecuencias muy importantes en la construcción del patrimonio. 

Así las cosas, los ahorradores deben considerar la posibilidad de dar el paso y convertirse en inversores si quieren obtener una rentabilidad suficiente para, al menos, superar el efecto de la inflación y que sus ahorros no pierdan valor. 

En este escenario, hay otro tipo de productos que cobran especial relevancia como alternativa para mover los ahorros y combatir la inflación. Las perspectivas económicas positivas y la recuperación de los resultados de las empresas convierten a las bolsas en una opción interesante con unas rentabilidades esperadas atractivas. Asimismo, las inversiones temáticas relacionadas con la sostenibilidad y la digitalización continuarán tomando impulso por los cambios sociales derivados de la COVID-19. 

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Las inversiones temáticas relacionadas con la sostenibilidad y la digitalización continuarán tomando impulso por los cambios sociales derivados de la COVID-19

Cómo dar el salto a la inversión

El primer paso para convertirse en inversor es contar con una base de ahorro disponible. Para ello, se deben haber establecido pautas de ahorro constantes que permitan utilizar una parte como colchón para imprevistos y otra para invertir y obtener rentabilidades. A partir de aquí, es importante responder a las siguientes preguntas: ¿qué cantidad se puede invertir?, ¿durante cuánto tiempo? y, sobre todo, ¿cuál es el riesgo dispuesto a asumir? Las respuestas a estas cuestiones ayudarán a determinar cuál es el perfil del inversor

En este sentido, es crucial contar con la información y experiencia que aporta un asesor financiero profesional, que ayudará al inversor a identificar los productos que más se ajustan a su perfil. 

Pero, además, los fondos de inversión constituyen una alternativa que siempre resulta interesante habida cuenta de las características de estos productos. Las inversiones mínimas son muy bajas (se puede empezar a invertir desde 30 euros), están gestionados por expertos, permiten diversificar las inversiones entre distintos tipos de activos, geografías y empresas para reducir los riesgos y disponen de una fiscalidad favorable que da al inversor la posibilidad de moverse entre diferentes fondos vía traspaso, sin tener que tributar hasta el momento de la venta. Además, estos productos permiten recuperar rápidamente el capital una vez que se decide recuperar las participaciones. 

Existe una amplia gama de fondos de inversión que difieren, entre otras cosas, por el tipo de activos en el que invierten. Para los más conservadores, aquellos productos que aporten una garantía total o parcial de la inversión inicial suelen ser los más idóneos para comenzar a tener exposición en los mercados financieros. 

¿Cuáles son las pautas básicas para invertir?

La diversificación es uno de los elementos principales para conseguir sacar el mayor retorno posible de una estrategia de inversión. Los fondos de inversión y los planes de pensiones son productos con una elevada diversificación, ya que permiten invertir en activos como acciones, bonos del estado, deuda corporativa, etc. 

Además, todo inversor debe contar con elevadas dosis de paciencia. Y es que, en función del nivel de riesgo que cada inversor esté dispuesto a aceptar, deberá dejar un tiempo para que la inversión madure. Cuanto mayor sea el riesgo asumido, mayor será también el horizonte temporal óptimo de inversión a partir del cual es menos probable sufrir pérdidas. 

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Por último, un inversor debe tener entre sus cualidades la constancia. Es decir, un inversor debe ser capaz de realizar aportaciones periódicas a sus fondos de inversión o planes de pensiones. De esta forma, será posible automatizar las inversiones sin tener que preocuparse de cuál es el momento perfecto para entrar en el mercado. 

Es cierto que nadie puede predecir con total certeza cómo evolucionarán los mercados ni cuál será el rendimiento de una inversión. Pero no cabe duda de que, en un contexto como el actual de tipos de interés ultra bajos, las cuentas corrientes y los depósitos seguirán sin aportar rentabilidad a los ahorros. 

Fotografía de Yogendra Singh en Pexels
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