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'Dark patterns', ¿cómo engañan al comprar por Internet?

14/12/2020

Los descuentos y las ofertas inundan las webs de las marcas con motivo de la campaña de Navidad. Pero, ¿cuánto hay de verdad y cuánto de manipulación? Los patrones oscuros o dark patterns conducen involuntariamente al consumidor a tomar decisiones de compra que, de otra forma, no tomaría.

“¿Ganga o engaño?” Es el título de la campaña lanzada por la Europol, la agencia policial de la Unión Europea, a la que se ha sumado la Policía Nacional y la Guardia Civil, con las reglas de oro para realizar una compra online segura, precisamente en una de las épocas del año que más invita al consumo por Internet y que concentra más descuentos por parte de los negocios: la Navidad. Y es que, al tiempo que el comercio online ha multiplicado las opciones de compra de los usuarios, también ha aumentado el peligro de acceder a webs donde lo que parece una ‘ganga’ se convierte al final en un engaño. 

Pero, ¿cómo se puede estafar a los usuarios en una web? A menudo, los mecanismos que se usan para manipular las acciones, según los intereses de los ciberdelincuentes, se denominan patrones oscuros (dark patterns). Estos son interfaces de usuario cuyos diseñadores confunden a los internautas a sabiendas, dificultan que los usuarios expresen sus preferencias reales o les manipulan para que realicen determinadas acciones. Por lo general, explotan los sesgos cognitivos e incitan a los consumidores en línea a comprar bienes y servicios que no desean, o a revelar información personal que preferirían no facilitar, según el estudio ‘Shining a Light on Dark Patterns’, realizado por la Universidad de Chicago.

El informe ‘Dark Patterns at Scale: Findings from a Crawl of 11K Shopping Websites’, realizado por la Universidad de Princeton, divide en distintas categorías estas prácticas, como la Furtiva. En ella se engloban las diferentes estrategias que intentan tergiversar las acciones de los usuarios o retrasar que encuentren cierta información que, si estuviera más visible, les generaría reticencias. La Urgencia es otra de estas categorías, basada en imponer una fecha límite a una venta concreta, provocando la sensación de urgencia en el potencial consumidor que hace que este acelere su decisión de compra. Además, las acciones que se enmarcan en la categoría de Desvío o misdirection se basan en el uso de imágenes, lenguaje o emociones que guían a los usuarios hacia la consecución de una acción o a la toma de una decisión determinada.

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Cómo blindarse ante los patrones oscuros

Con todo ello, la manipulación del comportamiento y de las acciones de los usuarios en el comercio online en particular y en el entorno digital en general está a la orden del día, por lo que muchos usuarios se pueden cuestionar la seguridad en Internet. A este respecto, Jordi Pascual, CEO de Paycomet y director de e-commerce de Banco Sabadell, comenta: “Clientes y amigos me preguntan si Internet es seguro. Yo les digo que sí, que lo es, pero, como todo, hay que tomar ciertas precauciones. La principal: usar el sentido común. Hay que desconfiar de ‘gangas’ y ‘chollos’ que sean sospechosos y que puedan llegar por correos electrónicos, pop-ups y redes sociales”. Precisamente, las recomendaciones que hace la Europol para protegerse como usuario de estas estrategias maliciosas siguen la línea de lo que comenta Pascual y la agencia policial europea recomienda lo siguiente:

1. Comprar en sitios de confianza

La primera regla de oro de la Europol se relaciona de manera directa con la confianza, ya que sugiere a los usuarios que compren en marcas y en tiendas con las que estén familiarizados y que conozcan de antemano. En esta misma línea, desde el Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar social realizan sugerencias al respecto, como saber quién está detrás de la compra que se quiere realizar. Las tiendas están obligadas legalmente a incluir en su web su Número de Identificación Fiscal (NIF), denominación social y datos de contacto (se debe comprobar que los correos electrónicos no son extraños o gratuitos), información que normalmente se incluye en el apartado de Área Legal de todas las páginas webs.  

2. Revisar las opiniones y las calificaciones

En el caso de decidirse por realizar una compra en una tienda desconocida, se debe indagar sobre la misma en buscadores, redes sociales y foros, y comprobar qué opiniones tienen otros usuarios sobre ella puede ser de gran ayuda, según la Europol. Pero, además de revisar las opiniones de otros compradores, Jordi Pascual recomienda buscar también si ese comercio tiene algún sello de confianza, como el de ‘Confianza Online’ o ‘Trusted Shop. Estos sellos garantizan que los comercios que están adheridos se han sometido periódicamente a unos controles de calidad, seguridad y servicio al cliente.

3. Verificar que la transmisión de datos es segura

También es importante que los usuarios comprueben que la URL comienza con 'https'. Esta 's' adicional indica que está protegida por un certificado SSL (Secure Sockets Layer), que ofrece una conexión segura e impide que se pueda leer o modificar cualquier información confidencial o cualquier dato que se transfiera. En este sentido, la Europol señala que el símbolo del candado en la barra de direcciones por sí solo no significa que un sitio web sea legítimo.

4. Usar tarjetas de crédito

Una vez hechas estas comprobaciones, a la hora de realizar el pago, si se utilizan tarjetas de crédito, es recomendable ceñirse a algunas ‘normas de comportamiento’. En primer lugar, nunca enviar los datos de la tarjeta de crédito por correo electrónico, así como no usar una red de conexión Wi-Fi pública en el momento del pago y tener clara la política de devolución o de reclamación al establecimiento si algo no sale como estaba previsto. 

Además, algunas entidades financieras, como Banco Sabadell, “ofrecen un servicio que, desde la banca online, permite activar la tarjeta en el momento en el que se vaya a realizar una compra por Internet e, inmediatamente después de efectuarla, desactivarla para que nadie más pueda realizar otra compra no autorizada”, comenta Jordi Pascual. 

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Fotografía de Dylan Gillis en Unsplash
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