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Covid-19: La experiencia china como modelo predictivo

28/04/2020

El gigante asiático ya está asumiendo su ‘nueva normalidad’, que llegará en un tiempo a España

Quedan lejos los días en los que el mundo miraba a China con cierta aprensión debido al azote que padecía por un brote de un nuevo coronavirus, que terminaría generando la COVID-19. Días donde el país concentraba la mayoría de casos de lo que, por entonces, no se temía que se convirtiera en una pandemia global. Tanto es así que el mundo miraba con asombro y admiración cómo los ciudadanos fueron capaces de confinarse de manera tajante y rápida.

Una decisión que no fue fácil desde el punto de vista social y económico, pero que sí ha demostrado ser determinante en el largo plazo. El cierre de Wuhan primero, de la provincia de Hubei después y, finalmente, las restricciones a la actividad de fábricas, comercios y demás negocios en toda China, coincidió con el comienzo de las celebraciones del Año Nuevo Lunar, época en el que el país se ‘apaga’.

La primera disminución en la producción no generó demasiada preocupación porque fue parcialmente atribuida al parón estacional más que a la epidemia y se asumió que no habría disrupciones en la cadena de suministros mundial una vez volviera todo a la normalidad. Nada más lejos de la realidad.

Y es que China no solo es la segunda economía mundial, también es la primera potencia exportadora y la denominada ‘fábrica del mundo’. Muchos países dependen de China para su abastecimiento. Solo en el ámbito de los componentes electrónicos, copa cerca del 30% de las exportaciones mundiales.

A lo que se añade su papel como principal importador de materias primas del mundo, donde hace honor a su sobrenombre.

Este cierre de provincias y ciudades ralentizó en tal medida la economía que llegó casi a paralizarla. Todo ello en un momento en el que China iba acostumbrándose a una moderación en su crecimiento (en 2019 creció a su ritmo más bajo en 29 años) y transformando su modelo económico. 

Este rol principal de suministrador global ya estaba viéndose afectado por el incremento lógico del coste laboral en China. Esto ya había hecho que la producción de artículos con escaso valor añadido fuese desplazándose a otros países más atractivos, como Bangladesh, Sri Lanka, Vietnam, Camboya y otras economías de esta región.

China había abrazado este cambio, en línea con su objetivo de fabricar productos de mayor valor añadido y calidad. Su propósito era, y es, dar el salto tecnológico y de innovación necesario para que la economía china pasara de una fase de expansión a una de madurez. Su posición dominante en torno a la tecnología 5G es, quizás, el mejor ejemplo de ese cambio y también el siguiente paso en la guerra comercial abierta con Estados Unidos.

En esta tesitura, la posición de China ante el brote era la de decidir entre mantener la actividad normal y seguir la senda del crecimiento económico o tomar medidas drásticas para contener el brote, a riesgo de poner las finanzas del país en serio peligro.

En esa disyuntiva ganó la prioridad de atajar la epidemia y sacrificar el crecimiento económico. Y así se adoptaron medidas extremas de confinamiento en todo el país, que se siguieron de manera minuciosa desde el primer día. China entraba en un túnel de difícil predicción, aún con el antecedente del brote del SARS.

La ‘nueva normalidad’ china

Las medidas, que en un principio pudieron parecer extremas, han terminado dando sus frutos. Gracias al confinamiento, los datos de la epidemia empezaron a mejorar. Como si de vasos comunicantes se tratase, al ritmo en el que la situación iba prosperando en China, iba empeorando en el resto del mundo.

Las medidas, que en un principio pudieron parecer extremas, han terminado dando sus frutos. Gracias al confinamiento, los datos de la epidemia empezaron a mejorar. Como si de vasos comunicantes se tratase, al ritmo en el que la situación iba prosperando en China, iba empeorando en el resto del mundo.

A día de hoy, China se encuentra a mitad de camino, en medio de esa vuelta a la ‘normalidad’. Poco a poco se está volviendo al funcionamiento de todos los negocios, aunque todavía hay restricciones, acompañadas de muchos controles.

En este sentido, el gobierno chino ha adoptado una serie de medidas para el reinicio de la actividad económica, que son las que ahora se evalúan en Europa:

  • Se ha ido priorizando por sectores. No se ha producido una vuelta a la normalidad masiva, sino gradual y por partes.
  • Se ha realizado de forma coordinada en todas las administraciones.
  • Se ha acompañado de una política fiscal flexible con una prórroga para el pago de impuestos.
  • Se ha permitido a los bancos retrasar a las empresas la deuda sin que esto afecte a sus cifras de morosidad.
  • Se está trabajando en un programa de estímulo económico para el país e incluso para otras naciones importadoras. Es decir, una suerte de Plan Marshall, para estimular en otros mercados la compra de productos fabricados en China

Al final, la recuperación de la República Popular China dependerá tanto de su demanda interna como de la restitución de sus mercados exteriores, para que sean capaces de volver a comprar sus productos, ya que sigue dependiendo en gran parte de la exportación. Hasta que esa recuperación exterior llegue, la reactivación de la actividad doméstica es fundamental.

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Una ventana al futuro

Diferentes planes de desescalada del confinamiento han tomado a Wuhan como ejemplo a seguir. En el caso de Madrid, los tiempos de la ciudad china marcarían el 29 de mayo como la vuelta a esa nueva ‘normalidad’.

Más allá de fechas concretas, la realidad es que el gigante asiático va meses por delante en esta pandemia, y es posible extraer algunas lecciones de su experiencia, siempre con la debida prudencia. 

  • Hay que asumir un nuevo contexto económico. Esta pandemia está cambiando el mundo, ha transformado el país, y cuando termine de pasar nos encontraremos con una realidad distinta, que en China se denomina ‘nueva normalidad’. Incluso se está hablando de una desglobalización
  • La administración ha entendido que no es posible una recuperación económica sin flexibilidad.
  • Se presta una especial atención a las necesidades de los empleados de las empresas, de los pequeños comercios, de las PYMES, que en la mayoría de los casos tienen una capacidad de supervivencia limitada. En concreto, cerca de la mitad de las pequeñas empresas del país podría colapsar en los próximos seis meses, según Bloomberg.
  • Se han creado nuevos hábitos. El teletrabajo se convierte en una opción necesaria, los consumidores centran más sus compras de productos y servicios online y, por tanto, las compañías de mensajería y logística son indispensables. Se consume menos y se elige de otra manera. El uso de las nuevas tecnologías, las redes sociales, se ha instalado más, si cabe, en nuestro día a día.
  • Todo hogar necesita ya mascarillas y desinfectantes. También las empresas. Se guardan distancias y hay menos traslados. Se utiliza el transporte público, pero ahora hay controles de acceso y todo lleva más tiempo. La geolocalización significa también ceder parte de nuestro derecho a la privacidad en aras de esa seguridad.

La experiencia china puede sernos muy útil cuando remita el brote en España. Para entonces, será necesaria una respuesta por parte de toda la sociedad, como ha ocurrido en China y como ya está empezando a suceder en nuestro país.

Hoy, desde China, nos debe de llegar un mensaje de esperanza. Nos vino primero desde Wuhan: “Sí, se puede vencer esta pandemia”. Ahora nos corresponde a nosotros ponerlo en práctica.

 
Fotografía de Cheng Feng en Unsplash
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