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Cómo y por qué refinanciar la deuda de una pyme

Sat Dec 12 15:48:54 CET 2020

En una coyuntura como la actual, es habitual que las empresas puedan verse en riesgo de incumplimiento en sus pagos, comprometiendo la liquidez. La refinanciación de la deuda es una opción más para favorecer unos niveles suficientes de circulante.

Una de las consecuencias de la crisis sanitaria ha sido la entrada en recesión de la economía mundial, aunque el comportamiento de los países a la hora de afrontar la contracción de la actividad y, sobre todo, en el modo de conseguir salir de ella, ha sido muy diferente. Si en el caso de naciones como China, la recuperación está siendo en forma de V, logrando que algunos de sus sectores e industrias estén cerca de volver a sus niveles de facturación previos a la pandemia, en el caso de otras, como España, el panorama de incertidumbre parece que seguirá instalado durante un tiempo, al menos hasta que se logre atajar la segunda ola de contagios del coronavirus.

Un reciente informe del Banco de España, bajo el título ‘La necesidad de liquidez y la solvencia de las empresas no financieras españolas tras la perturbación de la COVID-19’, revela algunos datos preocupantes. Desde el organismo, se calcula que cerca de un 20% de las empresas terminará el año con patrimonio negativo y con “su supervivencia directamente amenazada”. Por otra parte, se estima que el 70% del tejido productivo, incluyendo tanto grandes compañías como pymes, necesitan en el corto plazo liquidez, con un porcentaje que es sensiblemente mayor en determinados sectores, como el del turismo, el de la hostelería o el del comercio.

El endeudamiento de las empresas se ha disparado durante la crisis, aunque cuentan con la ventaja de que los bajos tipos de interés hacen que el dinero esté ‘barato’

Entre marzo (momento en el que comenzaron a aplicarse medidas de restricción en la movilidad) y junio (con la desescalada), el endeudamiento total de las empresas en España había crecido en 55.000 millones de euros (las necesidades de financiación de las entidades españolas podrían haber alcanzado ya los 230.000 millones de euros). Una realidad inédita si se compara con lo sucedido en crisis económicas del pasado: en la de 2008, sin ir más lejos, el cierre del grifo de la financiación obligó a las compañías que sobrevivieron a sanear sus cuentas a corto plazo para garantizar su sostenibilidad.

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Ahora, la dinámica es casi la contraria, porque la caída hasta casi cero de los tipos de interés, así como las medidas de estímulo fiscal implementadas desde las diferentes Administraciones han hecho que el dinero esté ‘barato’, y que muchas entidades recurran al endeudamiento no para mejorar su capacidad productiva o para invertir en innovación sino, simplemente, para poder pagar sus deudas a corto plazo y mantener un flujo de capital circulante que les permita sobrevivir. Uno de los problemas de esta tendencia, según el citado documento, es que aumentan las posibilidades de que muchos de estos préstamos empresariales que se conceden y de las líneas de crédito que se utilizan terminen en fallidos, afectando, aún más, tanto a las Cuentas Públicas como a los balances de las entidades financieras.

Soluciones a la vista

Otro informe del Banco de España, bajo el título de ‘La financiación de las empresas españolas en la crisis de la COVID-19: evolución, perspectivas y retos’, señala, directamente, a las pequeñas compañías como las más afectadas por la recesión económica. Según sus cálculos, hasta el 76% de las microempresas (es decir, aquellas con menos de 10 trabajadores) han disparado sus ratios de endeudamiento durante la pandemia.

Sin embargo, se advierte en el documento, que la facilidad de alcanzar financiación para mantener su supervivencia ha hecho que, en algunos casos, muchas de ellas sigan en activo, con modelos de negocio que no son sostenibles. Esta realidad provocará, muy probablemente, que crezcan los problemas de insolvencia en los próximos meses. En paralelo, se subraya el dilema que afrontan algunas compañías en la actual coyuntura de incertidumbre, y es que les resulta sumamente complicado establecer planificaciones financieras a largo plazo, lo que les dificulta mucho la tarea de conocer tanto los recursos propios que serán capaces de mantener y de generar como, sobre todo, implementar estrategias para atajar su apalancamiento financiero con el menor riesgo posible.

Refinanciar la deuda o reestructurarla son dos opciones factibles con las que cuenta una pyme para mejorar su situación financiera

Aun así, las dos posibles alternativas con las que cuenta una pyme, son, o bien intentar refinanciar la deuda o apostar por su reestructuración, aunque ambos planteamientos tienen sus pros y sus contras. En el caso de la refinanciación, la opción escogida implica gestionar la firma de un nuevo acuerdo de préstamo (o de otro instrumento de financiación) en condiciones y términos más asumibles para la entidad. Por ejemplo, una de las vías es rebajar el tipo de interés que se tiene que abonar, mientras que otra puede ser la de modificar la estructura de los préstamos y, de este modo, liberar efectivo para poder atender a los pagos. En momentos de crisis, las compañías más grandes suelen tener otra alternativa más a su disposición, y es la de consolidar sus diferentes deudas en un único y nuevo préstamo, alargando, eso sí, los plazos de pago.

La otra posibilidad es la reestructuración completa de la deuda, es decir, negociar una modificación del instrumento de financiación que existe, procurando alargar la fecha de vencimiento de pago o modificando la frecuencia de abono de los intereses. De este modo, se mejora la tesorería ante una situación de potencial incumplimiento en los pagos comprometidos por la empresa, de manera que se minimicen las posibilidades de que se produzca una insolvencia que nadie desea.

Qué pasos se deben seguir para refinanciar la deuda

El responsable financiero juega un papel clave en este proceso, ya que, antes de ir más allá, debe realizar un análisis contable de la entidad, como etapa previa para elaborar un plan de viabilidad que incluya todas las medidas financieras que se han adoptado hasta el momento. Es muy importante que la fotografía quede lo más realista y objetiva posible, dado que este documento se presentará (y se trabajará) con las diferentes entidades financieras con las que trabaja la compañía. Junto con el plan de negocio, la combinación de ambos permite establecer proyecciones financieras asumibles sobre el futuro de la entidad.

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Con todo este trabajo realizado, la siguiente etapa es la de consensuar una propuesta de refinanciación, que da inicio a un proceso de negociación con las distintas entidades financieras. Recogidas las impresiones y los comentarios de todas ellas, se prepara un documento que los sintetice, y que, en principio, hará de borrador de contrato de refinanciación. Entre otros hitos, este documento debe incluir una exposición de motivos sobre las razones de impulsar dicha refinanciación, las condiciones de todos los instrumentos financieros que se incluyen (duración, importe, vencimiento, intereses, amortización,…), así como sus garantías y todas aquellas disposiciones en relación a los pagos y a los potenciales incumplimientos.

En cualquiera de estos procesos, es importante ser claros y transparentes entre todas las partes, ya que el deseo común y compartido es que la entidad logre mantenerse solvente para continuar abonando sus deudas. Por ello, incluso en coyunturas de crisis como la actual, el rigor y la ética profesional deben guiar, aún más si cabe, las acciones de las empresas para proteger su solvencia e, incluso, salir fortalecidas.

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