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Jubilación
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Cómo prepararse financieramente para vivir, al menos, 20 años después de jubilarse

12/12/2020

Las personas gozan, afortunadamente, de vidas cada vez más longevas y saludables, si bien eso obliga a que haya que realizar planificaciones financieras acordes para evitar llevarse sorpresas desagradables al entrar en la ‘edad dorada’.

Hasta hace apenas unos años, tal como se señala en el libro La vida en 100 años, escrito por los profesores de la Harvard Business School Lynda Gratton y Andrew Scott, las personas, en general, llevaban a cabo tres etapas vitales bastante bien definidas: durante la niñez y en el inicio de la juventud, era el momento para la formación y el estudio; en la edad adulta, la fase de mayor duración, se trabajaba; y en la parte final de la vida, durante un periodo de tiempo que solía durar pocos años, la persona, ya entrada en la vejez, disfrutaba de su pensión de jubilación.

Sin embargo, desde la llegada de la generación de los baby boomers (aquellos nacidos durante la década de los sesenta del siglo pasado), estos tres periodos han eclosionado hasta dar forma a una vida en multietapas, en la que las personas se reciclan laboralmente y estudian en distintos momentos de sus carreras, se originan periodos nuevos como la adolescencia y, en el caso particular de la jubilación, las personas, gracias al aumento de la esperanza de vida y de las condiciones higiénicas y sanitarias, cada vez tienen más probabilidades de cumplir, en buen estado de salud, los 100 años.

Si la cara positiva de esta realidad es que cualquier persona podrá disfrutar de vidas mucho más longevas que la de sus padres o que las de sus abuelos, la cara negativa es que hay que realizar una planificación financiera para complementar la pensión con los ahorros que se hayan generado y con los ingresos que consigan las inversiones que están activas. Hay que pensar que, a cualquier economía se le hace insostenible tener que abonar a sus ciudadanos pensiones durante tres décadas, lo que, en el caso de España, va a obligar a tomar una serie de decisiones de calado en los próximos años para garantizar que, bajo unas condiciones mínimas pero asumibles, se pueda mantener el Estado de Bienestar.

El aumento de la esperanza y de la calidad de vida obliga a planificar las finanzas, también, una vez se entre en la jubilación, con la óptica de que cada vez habrá más personas centenarias

Tal y como señala Esther Pichardo, Directora de Ahorro y Pensiones de BanSabadell Vida y Pensiones, "no se cuestiona la sostenibilidad del sistema, sino la suficiencia. Las cotizaciones realizadas por cada jubilado permiten financiar la pensión que recibe durante 11 años, aproximadamente. Pero la esperanza de vida media tras la jubilación es de más de 18 años. Esto implica que será imprescindible una paulatina reducción de las tasas de sustitución. 

¿Podrán los jubilados vivir con estas pensiones inferiores sin fuentes alternativas de financiación?”.

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Ahorro según las etapas vitales

De acuerdo al informe ‘Pensions at a glance’, elaborado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en el año 2050 España será el segundo país del mundo, solo por detrás de Japón, con el mayor ratio de jubilados por trabajadores (76 por cada 100). El propio documento alerta del grave descenso en la natalidad del país, algo que, unido al crecimiento de la esperanza de vida, obligará a cambiar el modelo de sistemas de pensiones público y a que desde el Estado se fomenten iniciativas de ahorro privado, por ejemplo, mediante el impulso de medidas fiscales o incentivando los planes de pensiones de empresas.

Es decir, que parece que, dentro de unos años, mientras la cuantía media de las pensiones tendrá que reducirse (por ejemplo, estableciendo para su cómputo el promedio de todo lo ingresado durante la vida laboral), las personas tendrán que jubilarse más tarde para mantener su poder adquisitivo y cumplir con los objetivos marcados en la planificación financiera, cuya meta principal es garantizarles un retiro dorado. En este sentido, además, se deberá aumentar el porcentaje de ingresos que se destina a realizar las aportaciones periódicas a las inversiones, lo que significa que la vida en multietapas exige, también, un profundo cambio en los hábitos de ahorro de las personas.

En todo este proceso, el apoyo del asesoramiento profesional cobra más protagonismo que antaño, tanto para transmitir la necesidad de que cualquier trabajador apueste por una planificación financiera a largo plazo, como para lograr que, precisamente, desde su incorporación al mundo laboral, la lleve a cabo. En este sentido, durante la veintena, es un momento propicio para contratar los primeros productos financieros que aporten progresivamente rentabilidad, y que tengan un perfil de riesgo medio o elevado, ya que el partícipe tiene tiempo por delante para recuperarse de potenciales caídas temporales de los mercados financieros. Además, es importante constituir un fondo de reserva para posibles emergencias. El ahorro en este periodo es, posiblemente, más bajo que en otros momentos de su vida.

A partir de los treinta, muchas personas forman una familia, lo que, por un lado, aumenta considerablemente los gastos, pero, por otro, también, es previsible que crezcan los ingresos a medida que se progresa profesionalmente. Además, es probable que se produzca un endeudamiento (a través de una hipoteca) para adquirir una vivienda. Dado que un trabajador llevará ya varios años ahorrando y dotando de aportaciones periódicas a sus activos financieros, empezará a beneficiarse del interés compuesto, lo que mejorará la rentabilidad de su cartera de inversión.

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Entre los 40 y los 50, llega, habitualmente, la estabilidad financiera. Los ingresos se han consolidado y, en general, los gastos suelen disminuir, por lo que, al acercarse la jubilación, es habitual destinar un mayor porcentaje del salario a las inversiones. Esta tendencia va aumentando aún más hasta llegar a la edad de jubilación. En palabras de Esther Pichardo, "lo importante en cada etapa vital es ser consciente de que existe una necesidad de ahorrar para la jubilación y, por tanto, ajustar el nivel de consumo para poder separar una parte".

Cada etapa vital permite optar a unos mecanismos de ahorro diferentes, aunque siempre se pueden aprovechar las ventajas del interés compuesto

Entre los principales productos financieros para preparar la jubilación, cabe destacar, además de los planes de pensiones, los planes de previsión asegurados (PPA), que se diferencian de los anteriores en que son un seguro de ahorro y garantizan el capital y una rentabilidad a la hora de la jubilación. También están los planes individuales de ahorro sistemáticos (PIAS), que son seguros de vida ahorro que permiten ventajas fiscales en el momento del cobro si se cobra en forma de renta vitalicias , o los Unit Linked, en los que las primas aportadas se destinan a fondos y a la contratación de un seguro de vida, de manera que se garantiza una cobertura en caso de fallecimiento aunque sin asegurar la rentabilidad. Por supuesto, para los que no tengan interés en disfrutar de ventajas fiscales, también es posible construir una buena planificación financiera a través de fondos de inversión.

Para Pichardo, el principal reto del ahorro es que “depende más de la disciplina de cada uno que de la capacidad económica". En este sentido, incide en que es clave escoger el producto que facilite la consecución de los objetivos a cada persona. 

Complementar los ingresos con la vivienda

La planificación financiera no termina por el hecho de entrar en la ‘edad dorada’. Conviene elaborar un presupuesto realista, sabiendo que las inversiones seguirán generando intereses, aunque, la pensión no servirá para compensar por completo el antiguo salario que se percibía como trabajador en activo.

Existen vías para seguir complementando los ingresos después de la jubilación, por ejemplo, a través de la vivienda, que podrá venderse y cambiarse por otra más pequeña (y económica) u optar por otras, como Resirent o la hipoteca inversa, que, también, permiten la obtención de unos ingresos mensuales adicionales, pero, a diferencia de lo que ocurre con otros mecanismos, no se pierde la propiedad de la casa.

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Fotografía de Annie Spratt en Unsplash
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