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¿Cómo llegar a vivir de las rentas?

03/12/2019

Hacer de la gestión del patrimonio la principal fuente de ingresos es posible si se sabe cómo

Vivir de rentas es una realidad para algunos pero, si dejamos a un lado a aquellas personas con grandes bienes heredados, detrás de la acumulación de patrimonio hay mucho trabajo. Si éste es tu objetivo, descubre las claves que hay detrás de ese esfuerzo y cómo tratar de alcanzar esta posición con las mejores decisiones financieras a lo largo de tu trayectoria.

Ahorro, ahorro y ahorro

En primer lugar, para llegar a vivir de rentas es necesario un considerable ahorro inicial y una acumulación de capital procedente de fuentes de ingresos como el sueldo y la rentabilidad de la inversión. Según subraya la experta Maria José Aibar en el manual Finanzas Personales: “Es importante destinar una cantidad mensual a generar un remanente, y comenzar cuanto antes a generar un ahorro para la jubilación”. 

Para empezar a acumular dinero, se puede hacer poco a poco pero de forma constante con fórmulas como el ahorro automático, el ahorro en la cesta de la compra (de hasta 1.063 euros anuales según la OCU) e incluso el ahorro en los suministros del hogar. Incluso, si deseamos lograr nuestro objetivo a menor plazo, podemos aumentar las cuotas de ahorro, por ejemplo, viviendo con lo necesario y reutilizando al máximo los bienes personales. 

A parte del ahorro, también es posible hacer acopio de grandes cantidades de dinero en menos tiempo al cobrar, por ejemplo, una pequeña herencia o una indemnización importante. Es en estos momentos cuando hay que tomar una decisión de qué hacer con el dinero a largo plazo y valorar la posibilidad de invertirlo en patrimonio.

Ha llegado el momento de comprar

Siguiendo una voluntad de multiplicación del dinero ahorrado para poder vivir de éste, con todo lo recopilado a lo largo de años y años se puede invertir en un bien inmobiliario que aporte rentabilidad, como un piso o una plaza de aparcamiento en una zona donde haya mucha demanda y poca oferta. 

Sin embargo, según el profesor de la Universidad de Barcelona, Gonzalo Bernardos, la evolución de cualquier activo, entre ellos la vivienda, tiene un carácter cíclico, arrojando beneficios sumamente variables y para él, lo que normalmente separa el éxito del fracaso es el momento de la adquisición, con pleno acierto al final de una etapa recesiva o al comenzar una expansiva.

Para acertar con la decisión, hay que asesorarse e informarse muy bien antes de comprar una casa, tratar de comprar a buen precio (precisamente al inicio de dichas etapas recesivas) y con descuento y tener en cuenta algunos consejos sobre cómo realizar la compra para no equivocarse, ni pagar más de la cuenta.

Con gran parte del dinero ahorrado en nuestro poder, el hecho de no tener que solicitar una hipoteca hará mucho más barato y ágil todo el proceso de compra. Aunque para que nuestra aspiración se cumpla, antes habrá que tomar una serie de decisiones previas, como si se prefiere una vivienda nueva o una de segunda mano, encontrar las zonas más rentables y con mayor crecimiento futuro y decidir si será una vivienda a estrenar o para reformar, todo ello al servicio de obtener la mayor rentabilidad de los alquileres. Para ello es muy útil conocer los precios por zona. 

Reformar y alquilar

En el caso de no haber adquirido una vivienda nueva, puede que sea preciso ponerla a punto para alquilarla en condiciones y poder exigir una mensualidad que sea óptima. Una reforma puede costarnos bastante dinero si no se planifica adecuadamente, además, son muchas las modificaciones que podemos hacer nosotros mismos si contamos con tiempo suficiente, como pintar las paredes y limpiar o colocar un parqué nuevo, lo que supone un ahorro sustancial de dinero.

Una vez preparado el inmueble, también se puede ahorrar costes en la comercialización del bien inmobiliario si apostamos por anunciar nosotros mismos la vivienda en los principales portales de alquiler y venta de pisos y gestionar las visitas. 

No obstante, si se acude a las agencias inmobiliarias hay que tener en cuenta, según Bernardos, que en las fases recesivas, cuando escasean los clientes y hay mucha oferta, es cuando el precio de la vivienda es más negociable, mientras que en las fases de auge resulta más difícil conseguir buenos precios y opciones entre las que elegir.

 

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Reinvertir la ganancia

Cuando el primer alquiler empiece a dar sus frutos, es importante tener muy clara la necesidad de reinvertir la ganancia. Todo lo recuperado del alquiler del inmueble debe destinarse a un nuevo ahorro, sumado al ahorro personal que nuevamente se pueda aportar.

A la hora de elegir el tipo de inmueble que se compra, es importante tener en cuenta el equilibrio futuro de las finanzas personales y patrimoniales, y que es mejor cinco alquileres pequeños que uno grande. Cuando se reinvierte el dinero ganado en otros inmuebles también hay que considerar la posibilidad de que una de las propiedades deje de estar alquilada, de modo que siempre será más seguro tener diversos inmuebles que uno muy grande alquilado. Dicho de otro modo, según José M.Marín y Gonzalo Rubio en Economía financiera (Ed. Antoni Bosch), invertir en varios proyectos permite diversificar el riesgo ante una misma rentabilidad esperada.

Renunciar al trabajo

Convirtiendo esto en un ciclo continuo, este ahorro debe permitirnos en menos de diez años volver a comprar barato otro inmueble y realizar la misma operación de reforma y alquiler (si fuera necesario). De este modo, podremos seguir agrandando el patrimonio personal hasta que los beneficios de éste nos permitan dejar de trabajar por cuenta ajena.

El cálculo que indica cuándo es posible renunciar al trabajo debe realizarse en función de los ingresos mensuales que supongan todas las rentas y los gastos personales. Dependiendo de la ciudad y del nivel de vida de cada uno, se puede establecer en 15.000 euros al año, aunque en según en qué zonas no se puede por menos de 30.000 euros anuales.

Una vez dentro de la fase de ‘vivir de las rentas’ y tras haber dejado el empleo complementario, será importante distribuir los ingresos y tratar de diversificarlos, por ejemplo, invirtiendo una parte en Bolsa y acciones. El objetivo es conseguir libertad financiera y que una determinada cantidad de dinero siga creciendo a través de las inversiones con ahorro activo.

 

 

 

Fotografías de Rene Bieder y Anna Sullivan en Unsplash
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