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Inversiones Personales
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Cómo calcular la capacidad de endeudamiento y para qué sirve

27/10/2020

Determinar la salud de las finanzas personales es clave para conocer qué financiación se puede solicitar a terceros sin poner en riesgo la economía familiar. En cualquier caso, la responsabilidad es un factor determinante para evitar riesgos innecesarios.

Decía el conocido político y científico estadounidense Benjamin Franklin que “es mejor acostarse sin cenar que levantarse con deudas”. Sin pretender ser tan catastrofistas como el que fue uno de los Padres Fundadores de los Estados Unidos, la realidad indica que endeudarse no tiene por qué ser necesariamente una mala decisión financiera, aunque, eso sí, requiere de una planificación por parte del solicitante, analizando que, durante un periodo de tiempo más o menos largo, deberá tener la capacidad suficiente para ir respondiendo económicamente del dinero que deba más el correspondiente abono de los intereses.

Metas objetivas

Solicitar un capital tiene que pretender un objetivo, sea de carácter profesional (poner en marcha un negocio, ajustar la liquidez y el ciclo de cobros y gastos, remodelar las instalaciones, etc.) o personal (adquirir un coche, pagar la matrícula de un curso, realizar un viaje, etc.). 

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Antes de solicitar financiación a terceros, es oportuno tener en cuenta algunos elementos, como pedir solo aquel dinero que se necesita y del que no se dispone en ese momento, acudir siempre a entidades reconocidas y supervisadas por los máximos organismos financieros de control en España (en este caso, el Banco de España y la Comisión Nacional del Mercado de Valores – CNMV), elegir el producto que más se adecúa tanto a las características particulares del solicitante como a su capacidad de solvencia y, sobre todo, preguntar a los profesionales de la entidad y a otros expertos en materia económica todas aquellas dudas que puedan surgir, por ejemplo, tras leer la letra pequeña del préstamo o del crédito que se va a solicitar.

La amenaza del embargo

Cabe recordar que, en el caso de que no se pueda hacer frente al pago de una deuda, el problema puede ir empeorando para el prestatario, puesto que es bastante probable que el dinero que se debe crezca todavía más. Esto es así porque, desde la primera cuota que se deja de abonar, comienzan a aplicarse unos intereses de demora, que son superiores a los ordinarios. A partir del impago de una serie de cuotas, es posible que se inicie la vía judicial. De hecho, en el caso de un préstamo, el cliente responde con su garantía personal, lo que, a efectos prácticos, significa que lo hace con todos sus bienes presentes y futuros. En una situación extrema, en la que la entidad bancaria ni siquiera tenga éxito refinanciando las condiciones al usuario, se podría iniciar el embargo de dichos bienes hasta cubrir el importe de la deuda, y que incluyen tanto las cuentas bancarias de las que se sea titular como la nómina.

El impago de un préstamo personal puede conllevar, en último extremo, el embargo de los bienes, tanto los propios como los del avalista, si lo hubiera

Si, además, se ha puesto a otra persona como avalista y no se puede responder a la deuda con los bienes propios, también se podrá disponer de los suyos, pudiendo, incluso, llegar a ser embargado. Por si fuera poco, los datos del cliente se incluirán en los ficheros de morosos, como en el Registro de Aceptaciones Impagadas (RAI) o la Asociación Nacional de Establecimientos Financieros de Crédito (ASNEF), lo que dificultará mucho la obtención de financiación en el futuro.

La regla del 35%

Para evitar todo esto, la clave está en ser lo más responsable posible en relación a las finanzas personales, teniendo en cuenta que disponer de un buen historial crediticio es, en definitiva, una garantía para vivir tranquilo y sin sobresaltos. Pero decirlo es más fácil que hacerlo y, por eso, existen mecanismos, como la capacidad de endeudamiento, que sirven para aportar luz acerca de hasta qué punto es aconsejable solicitar o no dinero a una entidad bancaria y bajo qué condiciones.

La capacidad de endeudamiento depende, principalmente, de la situación particular y personal de cada individuo, teniendo en cuenta su volumen de ingresos mensuales y sus gastos, tanto los de carácter fijo como aquellos que son menos recurrentes. Además, tiene presente, también, que parte del dinero que se genera en una familia debe ser destinado para el ahorro, sobre todo para evitar en el futuro cualquier potencial problema de solvencia.

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El propio Banco de España recomienda utilizar, para ello, la regla del 35%, que significa que el endeudamiento de una familia nunca debe superar el 35% de sus ingresos. Esta entidad establece tres elementos que aminoran los ingresos de cualquier hogar: los gastos esenciales, que no deben superar el 50% del capital mensual que se genera (que incluye la comida, el transporte, el ocio o las actividades extraescolares de los hijos); el endeudamiento, limitado al 35% (y que incorpora todas las cuotas que se abonan en concepto de hipotecas, alquileres, créditos de tarjetas o préstamos personales); y el ahorro, que, al menos, debe significar el 15% de los ingresos totales (bajo la premisa principal de disponer de un colchón financiero con el que poder hacer frente a posibles imprevistos).

El Banco de España propone que cualquier familia debe ahorrar mensualmente en torno a un 15% de sus ingresos, no debiendo destinar más del 35% al pago de deudas

Un sistema de cálculo automático

Existe una fórmula de cálculo automático para conocer la capacidad de endeudamiento, y que se implementa restando a los ingresos totales que genera una familia los gastos fijos, multiplicando la cantidad que se obtenga por 35. Es decir, que, en realidad, cualquiera puede obtener el resultado desde casa, dando una clave fundamental sobre si se es apto o no para recibir financiación por parte de un tercero. De hecho, puede suceder que, al solicitar un préstamo personal, el cliente reciba la aprobación correspondiente de la entidad pero por una cantidad inferior a la solicitada, lo que significa que la capacidad de endeudamiento que ha establecido la entidad es menor de lo esperado.

De todos modos, estos porcentajes no son inamovibles, y también varían según distintos conceptos, como la cuantía total de los ingresos en un hogar o el patrimonio del que se dispone, como, por ejemplo, activos inmobiliarios, acciones o vehículos en propiedad. Es importante también el volumen de cargas familiares, ya que ante una pareja sin hijos frente a otra que tiene dos, a igualdad de salarios, la primera dispone, aparentemente, de una capacidad de endeudamiento mayor.

En cualquier caso, lo más importante es tener presente que adquirir una deuda, bien sea a través de una hipoteca, de un préstamo o de cualquier otro vehículo implica asumir un compromiso personal de pago y el esfuerzo de tener que ir respondiendo mensualmente por ella, por lo que hay que intentar evitar en todo momento que eso pueda condicionar negativamente el buen desempeño de la economía familiar.

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