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Competencia y Mercados
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Clonar o innovar: ¿Hacia dónde se dirige la industria del mañana?

Tue Jul 14 09:51:36 CEST 2020

La necesidad de mejorar la productividad y hacer más rentables los proyectos de innovación plantean diferentes alternativas sobre cómo enfocar la planificación estratégica de una compañía pensando en el largo plazo.

Construir un nuevo negocio no tiene que ver necesariamente con crear un modelo de negocio inédito, sino, también, con estudiar el mercado, intentar comprenderlo e identificar dónde se encuentran las oportunidades. Así lo afirma recientemente Aaron Tan, CEO de Carro, en una entrevista para McKinsey, concluyendo que compañías tan disruptivas como, en su día, lo fueron, por ejemplo, Carvana, Uber o Vroom siguen siendo necesarias, pero que siguen existiendo en la actualidad lagunas en la economía sin cubrir y que, para cualquier emprendedor que sepa verlas, suponen oportunidades muy interesantes. De hecho, este empresario apuesta por revisar constantemente el enfoque estratégico de una compañía, ya que el mundo cambia constantemente, por lo que es necesario amoldarse a él. En estos momentos, Aaron Tan asegura estar focalizado, como consecuencia de la crisis, en flujos de efectivo, cuentas por cobrar y la situación del contable, pero afirma que, en cuanto los primeros síntomas de la recuperación global comiencen a ser visibles, se concentrará en identificar nuevas fórmulas para asentar el crecimiento y entrar en nuevos mercados.

En esta línea, un documento de KPMG titulado ‘Investing in the future’ señala que las empresas deben procurar siempre contar con dos hitos en sus planes estructurales, aun cuando existan coyunturas que les obliguen a tener que concentrarse en determinados ámbitos de su negocio: apostar por iniciativas, desarrollos innovadores o estrategias corporativas de largo plazo, que se centren en asegurar la sostenibilidad futura de la entidad; y atender a potenciales cambios regulatorios, aunque todavía se encuentren en una fase incipiente, pero que podrían tener un impacto significativo en el caso de materializarse más adelante.

Otro informe de KPMG, en este caso bajo el nombre ‘R&D 2030’, indica que los ciclos en espiral de cualquier proyecto de I+D y los ciclos de vida cada vez más cortos de los productos, combinados con un contexto general de mayores riesgos, están teniendo un efecto negativo en los retornos de la inversión, así como, a nivel más global, en la productividad. Como ejemplo, se analiza el caso del sector farmacéutico, continuamente presionado por una mayor transparencia en cuanto a precios y una tendencia a la baja de los presupuestos sanitarios desde el ámbito público. En este contexto de caída de los beneficios, a pesar de la paradoja de que cada vez la sociedad demanda mayor atención médica pero a precios más económicos, la salida más fácil que les queda a los laboratorios es la de racionalizar su apuesta por la investigación en nuevos productos, concentrándose en la explotación comercial de los que mejor rendimiento le aportan a sus cuentas.

Un escenario de colaboración entre actores

Sin embargo, los especialistas de esta consultora son optimistas respecto al futuro de la innovación. De hecho, en su opinión, lo que estamos observando es que el ecosistema tradicional de financiación de la I+D está evolucionando, alejándose de los actores tradicionales para dar paso a una mayor influencia de los players del sector tecnológico, lo que, en la práctica, significará que el proceso de innovación se irá externalizando progresivamente de muchas compañías, dejando de estar controlado a nivel interno para que otros actores cobren protagonismo. En el caso farmacéutico, serán las organizaciones de investigación clínica las que se aliarán con gigantes tecnológicos y fondos de inversión para poner en marcha proyectos de gran envergadura que prometan atajar algunas de las patologías más severas para el ser humano, como diversos tipos de cáncer o enfermedades cardiovasculares, pero su traslación a otros segmentos de actividad será igual de directa.

De este modo, se compartirán costes pero, también, riesgos, en relaciones donde la equidad se medirá no sólo en términos financieros, sino en aportaciones de conocimiento, de know-how o, incluso, de identificación de alianzas o de planificaciones comerciales. Incluso, anticipa el informe, hay que ver cómo influirán en el desarrollo de iniciativas de I+D a nivel global el avance de las plataformas de crowdlending, que se basan en pequeñas aportaciones de muchos usuarios, que obtienen a cambio un pequeño paquete accionarial con el que, más adelante, pueden decidir aumentar su participación o, simplemente, obtener un lucro económico.

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Incrementar la productividad

De acuerdo al informe ‘The future of productivity’, elaborado por la OCDE, la paradoja del mundo que viene es que la ventaja competitiva derivada de las innovaciones en tecnología será cada vez más complicada de conseguir por distintas razones: los desarrollos realmente disruptivos serán más caros y se extenderán durante mayor tiempo (precisando gran cantidad de recursos); la tendencia hacia la Arquitectura Abierta promueve que las innovaciones se compartan a todo el mundo, lo que hace que al final se diluyan temas como las patentes o la exclusividad en la explotación industrial; y la sociedad demanda una transparencia total a las compañías, teniendo connotaciones negativas aquellas entidades que guardan información.

En esta situación, las empresas que logren destacar sobre otras lo harán en base a una serie de intangibles, como la reputación, la imagen de marca o la percepción que haya acerca de su contribución social, lo que, para los especialistas de este documento es complicado de imbricar con la necesidad imperiosa por parte de las economías de identificar fuentes de crecimiento futuro de manera constante para lograr mejoras en la productividad que impacten positivamente en la vida de los ciudadanos. La solución, a su juicio, solo puede pasar por un camino, que es el de incrementar las redes de colaboración público-privadas para diseñar ambiciosas políticas de innovación, “cuidadosamente diseñadas, en particular con respecto a la financiación de la investigación básica”. Además, señala, fruto de esas mayores sinergias entre el Estado y el tejido productivo, será posible una mejor redistribución de recursos y una mayor identificación de áreas donde se pueden implementar proyectos de I+D, ya que existe una necesidad latente que ha sido identificada.

Entre los sectores donde será más factible llevar a cabo el diseño de ese nuevo portfolio de proyectos de innovación para el futuro, el Gobierno de EE.UU., en el documento ‘Global Research and Development Expenditures: Fact Sheet’, identifica algunos segmentos con mayor potencial, como todo lo relacionado con la industria transgénica, la robótica, las competencias STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), las Smart-Cities, los servicios asistenciales a personas mayores, el ecodiseño y la bioconstrucción, la micromovilidad y todo aquello que tiene que ver con la gamificación y el desarrollo de videojuegos terapéuticos.

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Fotografía de David Werbrouck en Unsplash
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