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Bono de final de año o paga extra, ¿cómo rentabilizar este dinero?

11/12/2020

Recibir un ingreso extra en la cuenta corriente es siempre una buena noticia, pero, pensando en la salud financiera, siempre parece conveniente evitar gastarlo todo de forma compulsiva. A largo plazo, la economía familiar lo agradecerá.

Diciembre tiene muchas características que hacen que sea un mes especial: comienza el invierno, finaliza el año, y, en el hemisferio norte, marca el periodo con los días con menos luz solar de todos. Desde el plano laboral, para muchos trabajadores significa que, además de su salario habitual, recibirán una remuneración mayor, bien porque así lo han pactado previamente con la empresa si han sido capaces de alcanzar una serie de objetivos (lo que se conoce como bono o prima), o porque, de manera directa, obtienen una paga extra porque así figura en sus contratos. 

Planificar con tiempo

Recibir en la cuenta corriente un ingreso extra siempre es motivo de optimismo, si bien, hay que evitar que eso se transforme en una euforia desmedida, teniendo presente que, junto al verano, la Navidad es el periodo de mayor volumen de gasto para cualquier familia. Un coste que, si se tienen hijos, es muy probable que se dispare aún más, ya que habrá que realizar con ellos distintas actividades de ocio, habida cuenta de que no tendrán colegio durante varios días de diciembre y de comienzos de año.

Para evitar sufrir una cuesta de enero con demasiada pendiente, sobre todo ante la incertidumbre que sigue acechando debido a la situación provocada por la pandemia y que se prevé que se mantenga a principios de 2021, lo más sensato es que se planifiquen, de manera aproximada, los gastos que se tendrá que afrontar con anterioridad a que se produzcan. En este sentido, elaborar un presupuesto realista, que sirva para hacerse una idea aproximada de lo que costará afrontar el periodo navideño, es una buena alternativa para, más adelante, intentar ceñirse a él lo máximo posible y evitar que los ahorros familiares mengüen más de la cuenta.

Realizar un presupuesto sobre los gastos previstos para la Navidad ayudará a saber si se puede destinar parte de los ingresos extra al ahorro o a pagar deudas pendientes

Una vez realizada esta estimación, es oportuno, también, dedicar un poco más de tiempo a realizar un análisis de la situación financiera del hogar, que, por ejemplo, sirva para concretar las deudas que se tienen contraídas (los préstamos, las cuotas pendientes de la hipoteca o los pagos a plazos de un coche o de un electrodoméstico) y decidir si compensa destinar parte del dinero recibido a satisfacer lo que se debe. Conviene tener en cuenta que, con frecuencia, cuanto más se retrase en pagar una deuda más intereses se tendrán que abonar. En el caso de los productos financieros, antes de hacer nada, es aconsejable consultar en las condiciones del contrato si existe alguna penalización por amortización panticiada.

Ahorro y planificación versus disfrute inmediato 

Sobre aquel dinero que no se destine a las deudas, existen varias alternativas que se pueden llevar a cabo. Una opción es reservar una parte para imprevistos, es decir, para afrontar aquellos gastos que, de repente, aparecen. Si se está pensando en poder atender pagos menores como, por ejemplo, el pago de una multa o la reparación de un aparato eléctrico, lo más oportuno es crear un fondo de contingencia. Sin embargo, y dada la actual coyuntura económica de recesión propiciada por la crisis sanitaria, en la que es posible perder el empleo o sufrir una pérdida relevante de ingresos, se hace más necesario que nunca disponer, también, de un fondo de emergencia para poder afrontar, de manera solvente, cualquier desembolso económico elevado, como, por ejemplo, una operación sanitaria de gravedad.

Si ya se poseen estos fondos, parte del dinero extra recibido a final de año puede destinarse a aumentar el colchón financiero de ambos, de modo que se reduzca aún más la posibilidad de, en un futuro, tener que solicitar un préstamo para atender el pago de alguna incidencia que ocurra. Además, de este modo, también se contribuye de manera relevante a generar en el seno familiar una cultura del ahorro que es clave para poder afrontar los retos económicos vitales que se marquen para el largo plazo.

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En cualquier caso, es comprensible que, al menos, una parte del dinero se destine a actividades de ocio, aunque, si se ha realizado una correcta planificación, será posible ahorrar gastando. Por ejemplo, si se quiere realizar un viaje, cualquier persona que reciba un salario en 14 pagas (12 mensualidades más dos extraordinarias) puede saber de antemano que, además de en verano, en diciembre dispondrá de una mayor liquidez, por lo que, si busca por adelantado ofertas de estancia en hoteles o billetes de avión, es probable que se ahorre un dinero importante en relación a si lo hace durante el mismo mes de diciembre.
Además de destinar parte de los ingresos extra al ocio, es importante pensar en reservar parte del dinero para emergencias que puedan ocurrir y como colchón financiero

¿Y si se invierte?

Con independencia de si ya se posee una cartera de inversión o de si se tiene contratado algún producto financiero, siempre es una buena opción destinar parte del dinero a hacer que los ahorros crezcan. Si se poseen dudas sobre dónde poner el capital, lo más conveniente es recurrir al consejo de un asesor profesional, que proporcionará una ayuda clave para contribuir a que se logren ordenar las prioridades y sea posible construir una planificación financiera que responda a las metas fijadas para el largo plazo. De esta forma, se tienen presentes el perfil de riesgo del cliente y su edad, así como sus gastos periódicos y su capacidad de ahorro.

Entre las distintas opciones posibles a las que destinar ese dinero extra, una de ellas es la de apostar por un fondo de inversión o por un plan de pensiones. Ambos permiten el traspaso flexible del patrimonio de un producto a otro, aunque tienen sus particularidades fiscales, tanto en relación a sus plusvalías como, en el caso de los planes, a la hora de rescatarlos, que conviene tener presente.

Otra alternativa es, directamente, comprar acciones en el mercado y títulos de renta fija. Las primeras son activos más volátiles y, en principio, conllevan un mayor riesgo de inversión que la renta fija o los fondos de inversión. Además, implican tener que estar pendientes de la realidad de la compañía en la que se invierte para conocer las perspectivas de rentabilidad que ofrecen (por ejemplo, a través de herramientas como el análisis técnico o el análisis fundamental). Junto a las plusvalías potenciales que puede cosechar por su variación de cotización, existen compañías que ofrecen, también, dividendos. En el caso de la renta fija, a pesar de la actual coyuntura de tipos de interés cercanos a cero, es una buena opción para diversificar las inversiones, teniendo una seguridad mayor acerca del capital invertido.

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Otra alternativa, aunque, quizá, resulte demasiado ambiciosa con un bono de final de año o con una paga extra, es la de invertir en el segmento inmobiliario, pero hay que tener en cuenta varios elementos antes de tomar una decisión en este sentido, como los impuestos que se tendrán que pagar, lo complicado que es volver a transformar en dinero líquido la compra de una casa en un periodo corto de tiempo y la volatilidad de este mercado, en especial en los momentos de incertidumbre económica.

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Además de la ayuda clave que puede prestar un asesor financiero, también es posible recurrir a la tecnología para llevar a cabo una mejor gestión de las finanzas. Por ejemplo, cada vez existen más apps y otras herramientas digitales que ayudan a controlar mejor los gastos y facilitan el ahorro, y que están al alcance de un clic a través del smartphone.

 
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